Ver a Roger Waters en concierto: ¡LISTO!

/ 12.11.18

Cuando tuve la entrada para ver a Roger Waters en mis manos (link a esa historia), tuve la certeza de que vería el mejor concierto de mi vida. Sin embargo, tener la certeza de algo no es lo mismo que vivirlo. El concierto de Roger Waters fue mucho más genial de lo que yo me había imaginado. 

En La Plata llovía desde tempranas horas, igual que en CABA, pero era imposible que eso me detuviera, pese a una gripe que me abrazó desde el jueves. 

Al llegar al Estadio Único de la Plata, la lluvia era intensa y las áreas VIP y Campo abiertas. Por procurar cubrirme de la lluvia encontré un sitio perfecto desde el cual veía bastante bien la tarima con los músicos protegidos con una lona para la lluvia― y tenía una visión completa de la pantalla, que siempre ha representado gran parte de los shows de la banda y de Waters como solista. Eran las 5 p. m.

Pasaron 4 horas y medias de lluvia, truenos, relámpagos, un supuesto rayo que dio en el pararrayos del estadio y mucha gente ansiosa -incluyéndome-. Sobre la banda telonera no tengo nada que decir ni ustedes quieren leer nada al respecto... y ojo que no estuvo mal.

A las 9:30 p. m. lo de la puntualidad fue increíble― finalmente vimos la silueta de Waters y de todos sus músicos, que nos empezaron a deleitar con los acordes de Speak to me. Tengo que admitir que con solo verlo tomar su bajo empecé a llorar, pero cuando arrancó Breathe las lágrimas se salieron de control y supe que estaba viviendo la experiencia más increíble de mi vida, estaba viviendo el sueño más viejo que tengo.

He visto cientos de veces los conciertos de Pink Floyd, Waters y Gilmour. Incluso me sé de memoria el In the Flesh Andrea López, la mejor de las mejores, me regaló el DVD original para un cumpleaños  pero nada me alcanzó para estar preparada para lo que vi y sentí. Mi piel se mantuvo erizada de principio a fin. 

5 canciones después pude controlar el llanto, pero no evitar que me corrieran algunas lágrimas de vez en cuando, movida por la emoción de las canciones que escucho hace tantos años.

Pensé que quizá en este concierto no vería tanta gente grabando con celulares (había, lógicamente, mucha gente mayor), pero me equivoqué. No es que yo no haya tomado fotos, tomé algunas y grabé 4 videos, pero al verlos se nota que puse el celular a grabar mientras yo, por debajo, veía directamente el escenario. Soy partidaria de vivir la experiencia a full más que de guardar recuerdos en el celular. Me encantó que cuando Roger cantó Picture That se afincó al cantar «Follow me filming myself at the show on a phone from a seat in the very front row».


Este tour es bastante visual y bastante político. La pantalla se mantuvo colmada de imágenes sociales que denuncian los grandes horrores de nuestra humanidad. Cuando el set llegó a Animals (mi parte favorita del concierto) el tono político llegó a su máxima expresión. Mensajes contra Trump, contra el capitalismo, contra la ceguera social que nos roba la empatía... un cerdo gigante apareció con el mensaje «Stay human», algo que digo mucho en español. 

La emoción e intensidad con la que Waters tocó y cantó PigsDogs Money me volaron la cabeza. Es un tipo que domina el escenario, que colma con su presencia cada rincón, que siente cada acorde y cada palabra, que te transmite con poder su ideología a través de su música en vivo.

La parte de The Dark Side of the Moon me resultó la más nostálgica y volví a llorar con intensidad. Primero, porque fue el disco con el cual llegué a la banda y empezó toda mi locura; segundo, porque sabía que se acercaba el final del concierto. La interpretación de Eclipse fue lindísima y con un juego de luces se armó en medio del estadio el tan simbólico prisma.

Hubo un momento que Roger se tomó para hablar sobre su estadía en Argentina. Lo conmovido que estaba por la reunión que tuvo con las madres de los soldados caídos e identificados hace poco de la guerra de las Malvinas, habló de las Abuelas de la Plaza de Mayo y se emocionó hasta las lágrimas. Invitó a León Gieco al escenario, quien cantó La memoria.


Antes de concluir, Waters presentó a los músicos que le acompañaban. Durante el concierto, no noté que lo hayan enfocado, pero ahí estaba el emblemático e inigualable Jon Carin, quien acompañó a la banda y ha estado con Gilmour y con Waters en varios de sus tours solistas. Mi alegría no tenía precio. Para mí algo en lo que ha destacado siempre Rogers es en su elección de coristas y Jess Wolfe y Holly Laessig no me dejarán mentir ―qué voz tienen esas dos mujeres… qué voz―.

El final del show fue perfecto. Para cerrar llegó mi tan esperada Comfortably Numb, mi favorita de la banda. Es una de las canciones más famosas, por lo que pude escuchar a todos los asistentes acompañar a Waters en el coro. Creí que podría morir de la emoción en ese preciso instante. No sé si lo que estaba por estallarme era el corazón o el cerebro, pero fue lo más increíble que he sentido.

Eran las 12:25 a. m. Iba caminando a la salida del estadio tratando de entender que de verdad iba saliendo del concierto de mi ídolo musical. Estaba hecho, había visto al único e inigualable Roger Waters.

Me esperaba Gianny, quien hizo que todo esto fuese posible y a quien la vida no me alcanzará para agradecerle el regalo. Y aunque mi gripe, mi voz y mi tos habían empeorado, salí de ese estadio absurdamente feliz, con un sueño cumplido y 3 horas que jamás en mi vida olvidaré.

10 de noviembre de 2018, de ahora en más una de las fechas más memorables en la vida de esta humilde mortal.


Cuando tuve la entrada para ver a Roger Waters en mis manos (link a esa historia), tuve la certeza de que vería el mejor concierto de mi vida. Sin embargo, tener la certeza de algo no es lo mismo que vivirlo. El concierto de Roger Waters fue mucho más genial de lo que yo me había imaginado. 

En La Plata llovía desde tempranas horas, igual que en CABA, pero era imposible que eso me detuviera, pese a una gripe que me abrazó desde el jueves. 

Al llegar al Estadio Único de la Plata, la lluvia era intensa y las áreas VIP y Campo abiertas. Por procurar cubrirme de la lluvia encontré un sitio perfecto desde el cual veía bastante bien la tarima con los músicos protegidos con una lona para la lluvia― y tenía una visión completa de la pantalla, que siempre ha representado gran parte de los shows de la banda y de Waters como solista. Eran las 5 p. m.

Pasaron 4 horas y medias de lluvia, truenos, relámpagos, un supuesto rayo que dio en el pararrayos del estadio y mucha gente ansiosa -incluyéndome-. Sobre la banda telonera no tengo nada que decir ni ustedes quieren leer nada al respecto... y ojo que no estuvo mal.

A las 9:30 p. m. lo de la puntualidad fue increíble― finalmente vimos la silueta de Waters y de todos sus músicos, que nos empezaron a deleitar con los acordes de Speak to me. Tengo que admitir que con solo verlo tomar su bajo empecé a llorar, pero cuando arrancó Breathe las lágrimas se salieron de control y supe que estaba viviendo la experiencia más increíble de mi vida, estaba viviendo el sueño más viejo que tengo.

He visto cientos de veces los conciertos de Pink Floyd, Waters y Gilmour. Incluso me sé de memoria el In the Flesh Andrea López, la mejor de las mejores, me regaló el DVD original para un cumpleaños  pero nada me alcanzó para estar preparada para lo que vi y sentí. Mi piel se mantuvo erizada de principio a fin. 

5 canciones después pude controlar el llanto, pero no evitar que me corrieran algunas lágrimas de vez en cuando, movida por la emoción de las canciones que escucho hace tantos años.

Pensé que quizá en este concierto no vería tanta gente grabando con celulares (había, lógicamente, mucha gente mayor), pero me equivoqué. No es que yo no haya tomado fotos, tomé algunas y grabé 4 videos, pero al verlos se nota que puse el celular a grabar mientras yo, por debajo, veía directamente el escenario. Soy partidaria de vivir la experiencia a full más que de guardar recuerdos en el celular. Me encantó que cuando Roger cantó Picture That se afincó al cantar «Follow me filming myself at the show on a phone from a seat in the very front row».


Este tour es bastante visual y bastante político. La pantalla se mantuvo colmada de imágenes sociales que denuncian los grandes horrores de nuestra humanidad. Cuando el set llegó a Animals (mi parte favorita del concierto) el tono político llegó a su máxima expresión. Mensajes contra Trump, contra el capitalismo, contra la ceguera social que nos roba la empatía... un cerdo gigante apareció con el mensaje «Stay human», algo que digo mucho en español. 

La emoción e intensidad con la que Waters tocó y cantó PigsDogs Money me volaron la cabeza. Es un tipo que domina el escenario, que colma con su presencia cada rincón, que siente cada acorde y cada palabra, que te transmite con poder su ideología a través de su música en vivo.

La parte de The Dark Side of the Moon me resultó la más nostálgica y volví a llorar con intensidad. Primero, porque fue el disco con el cual llegué a la banda y empezó toda mi locura; segundo, porque sabía que se acercaba el final del concierto. La interpretación de Eclipse fue lindísima y con un juego de luces se armó en medio del estadio el tan simbólico prisma.

Hubo un momento que Roger se tomó para hablar sobre su estadía en Argentina. Lo conmovido que estaba por la reunión que tuvo con las madres de los soldados caídos e identificados hace poco de la guerra de las Malvinas, habló de las Abuelas de la Plaza de Mayo y se emocionó hasta las lágrimas. Invitó a León Gieco al escenario, quien cantó La memoria.


Antes de concluir, Waters presentó a los músicos que le acompañaban. Durante el concierto, no noté que lo hayan enfocado, pero ahí estaba el emblemático e inigualable Jon Carin, quien acompañó a la banda y ha estado con Gilmour y con Waters en varios de sus tours solistas. Mi alegría no tenía precio. Para mí algo en lo que ha destacado siempre Rogers es en su elección de coristas y Jess Wolfe y Holly Laessig no me dejarán mentir ―qué voz tienen esas dos mujeres… qué voz―.

El final del show fue perfecto. Para cerrar llegó mi tan esperada Comfortably Numb, mi favorita de la banda. Es una de las canciones más famosas, por lo que pude escuchar a todos los asistentes acompañar a Waters en el coro. Creí que podría morir de la emoción en ese preciso instante. No sé si lo que estaba por estallarme era el corazón o el cerebro, pero fue lo más increíble que he sentido.

Eran las 12:25 a. m. Iba caminando a la salida del estadio tratando de entender que de verdad iba saliendo del concierto de mi ídolo musical. Estaba hecho, había visto al único e inigualable Roger Waters.

Me esperaba Gianny, quien hizo que todo esto fuese posible y a quien la vida no me alcanzará para agradecerle el regalo. Y aunque mi gripe, mi voz y mi tos habían empeorado, salí de ese estadio absurdamente feliz, con un sueño cumplido y 3 horas que jamás en mi vida olvidaré.

10 de noviembre de 2018, de ahora en más una de las fechas más memorables en la vida de esta humilde mortal.

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Ayer vimos Christopher Robin: un reencuentro inolvidable (2018), de Marc Foster (Guerra Mundial Z, 007: Quantum, Descubriendo Nunca Jamás) con el magnífico Ewan McGregor, y de solo empezar a escribir esta reseña me dan ganas de llorar de vuelta. 

Casi nadie lo sabe -ni tendrían porqué saberlo- pero Winnie Pooh es mi personaje ficticio infantil favorito. Hablar de mi infancia es, entre muchas cosas, recordar el montón de objetos que tenía del oso más lindo del mundo, de los cuentos y las comiquitas que no me perdía en Disney Channel. 

La película me dio ahí, justo en la infancia. Me hizo recordar cientos de mañanas frente al tv comiendo cereal, libros de colorear, peluches, vidrieras de centro comercial y una pequeña yo rogándole a mamá por más cosas de Winnie, libros releídos y casi memorizados, ilustraciones calcadas por todos lados y una ternura inagotable. 

La animación de los personajes me gustó muchísimo, el ritmo de la película igual, ni hablar de Tigger y su canción de los Tiggers ni de Ígor y su profundo pesimismo que lo hace de mis preferidos, pero lo que más me gustó fue el guión. 

Los diálogos de Winnie están muy apegados al personaje de los libros, llenos de una realidad tierna que me resultaron siempre profundamente filosóficos. Lo que muchos encuentran en El Principito (Antoine de Saint-Exupéry) yo lo encontré en los libros de Alan Alexander Milne. 

Aparte, McGregor como Christopher Robin le suma toda la ternura de la cual era capaz. Es una película para toda la familia. Por más adulto que seas, te va a enternecer (de hecho, creo que mientras más grande, más tierna va a resultar). Y para aquellos que somos fans, que leímos los libros, que vimos las caricaturas de Disney, esta cinta es una joya. 


Quiero verla de nuevo, pero les juro que me dolía el pecho a causa de toda la ternura y emoción que sentía en cada escena, sobre todo en aquellas donde Pooh está en su tronco, en el cual suele sentarse a pensar.

Con el puntaje para esta cinta no creo en nadie... 

10
Antes de leer Los Miserables no había visto ninguna de las adaptaciones del cine. La del '98 parece que nunca se me cruzó en el camino y la de 2012 porque era un musical y porque sabía de la novela y dije que algún día la leería.


Después de terminar de leerlo, Gianny descargó ambas versiones para que pudiera verlas. La primera fue la de 2012, con Hugh Jackman como Jean Valjean, Russell Crowe como Javert, Anne Hathaway como Fantine, Amanda Seyfried como Cosette, Eddie Redmayne como Marius y Sacha Baron Cohen junto a Helena Bonham Carter como los repudiables Thénardier. 

De esta me volvió un poco loca lo del musical, la verdad no me pareció acertado. Rescato la buena interpretación del sufrimiento de Fantine, estuvo bastante realista. Pero me parece que fue muy superficial el abordaje de Javert, al igual que de Marius. Me gustó que los Thénardier tuvieron mucha presencia, tal como en el libro y que fuesen tan aborrecibles como en la obra. Estuvo genial que cerraran la película pero me resultó un resumen exageradamente breve además de hacerme mucho ruido los detalles de la película que cambiaron sin aparente necesidad (como por ejemplo cambiar el trozo del frac de Marius por un anillo).

Recientemente vimos la del '98, protagonizada por excelentes actores: Uma Thurman como Fantine, Liam Nesson como Jean Valjean, Geoffrey Rush como Javert, Hans Matheson como Marius y Claire Danes como Cosette.


Esta me gustó más porque no era musical. La actuación de Nesson como Valjean me satisfizo muchísimo y Geoffrey Rush fue un perfecto e inmejorable Javert. Rescato que en esta dieron buena importancia al personaje de Gavroche, que particularmente me resultó interesantísimo en el libro. Pero no pude evitar sentir malestar ante tantos olvidos y detalles cambiados.

En esta versión del '98 la aparición de los Thénardier es brevísima y no tienen casi nada que ver con la historia. En unas primeras escenas, cuando Jean Valjean roba al obispo, lo golpea, cosa que jamás hizo en el libro, como tampoco golpeó jamás a Cosette.

El film cierra con la liberación de Valjean de la sombra de Javert, privando así al espectador del capítulo más importante de toda la obra de Víctor Hugo: "Sombra suprema, supremo amanecer".

Entiendo, entonces, que difícilmente pueda ver una película de Los Miserables que le haga honor, primero por la cantidad de detalles que tiene el libro y segundo por lo distinto de los formatos. Así, pues, me faltaría ver solo una adaptación teatral (que probablemente tampoco me agrade mucho, ya que no soy amante del teatro).

El 11 de enero de 2016 decidí comprar Baila, baila, baila, de Murakami. El japonés me era totalmente desconocido. Lo compré, pese a su elevado costo (al menos para mi presupuesto), por dos razones: el título y la portada. Ambas cosas me llamaron muchísimo la atención, además veía muchos otros libros del mismo autor. Algo me dijo que tenía que darle la oportunidad.

Una de las más lindas decisiones que he tomado. 10 días después ya había terminado con el grueso tomo. Seguí con Tokio Blues y después de ese, todos con una velocidad que me sorprendía, leí en orden: Hombres sin mujeresAfter dark, Los años de peregrinación del chico sin color, Al sur de la frontera, al oeste del sol, Después del terremoto Kafka en la orilla.

Pasé más de un año sin leer nada de Murakami. No es que no quisiera, pero sus libros no son económicos y me tomó bastante tiempo empezar a leer libros digitales. Sputnik, mi amor es el noveno libro de Haruki Murakami que leo y es el correspondiente a "Best Seller" de mi reto literario.

Para mi sorpresa, el libro no me gustó. La considero, entre las leídas, su obra más floja. La historia divaga demasiado para mi gusto y no encontré hacer clic en ninguna parte. Disfruté, claro, de los que ya considero los lugares comunes de Murakami que me satisfacen al leerlo: la soledad, el amor, la lógica, el descubrimiento de sí mismo, la música, la amistad y el significado de las relaciones. Sin embargo, el abordaje me resultó superfluo y la narrativa muy distante.

Una historia exageradamente abierta que me dejó un sinsabor. Recuerdo que cuando empecé a leer Kafka en la orilla, un préstamo de Denis Mafla (jamás voy a olvidar el favorsote que me hiciste) pensé: "va a llegar el momento en el que un libro de este tipo no me guste". Solo que no pasó con ese título, que es mi segundo favorito. Pero sí con este. No me decepciona ni me aleja de Murakami. Es imposible que, habiendo publicado tantos libros, los encuentre todos igual de interesantes.

No es un libro que le diría a alguien que no leyera. Solo que pondría los otros 8 que leí antes que este.
.
Terminé con el 5to libro de los 12 de este 2018. Sabiendo que no me queda ya mucho tiempo de este año, decidí leer los más breves primero. 

No había leído nunca este cuento, aunque la película la haya visto infinidad de veces. Lo que me gustó es que sentí que la película se adapta bastante bien al libro. La edición que encontré tiene las ilustraciones originales y la verdad son magníficas. Cada capítulo me hizo revivir la cinta.

Creo que de haberlo leído de niña este libro me habría encantado, sobre todo porque me habría sentido mucho como Alicia, no entendiendo nada e insistiendo en el hecho de estar en un lugar donde todos te quieren decir qué hacer.

El libro corre por sí solo y aunque no me pude despegar mentalmente del spoiler, sí me encontré con todos estos poemas y canciones que me resultaron nuevas que Carroll parodiaba y que solo pude entender gracias a las notas que trae la edición que leí. 

Aunque en la película mi personaje favorito es la Oruga Azul, en el cuento mi favorito es el Gato de Cheshire. Me resultaron los diálogos más inteligentes.

Con esta son dos las secuelas que dejo pendiente: El temor de un hombre sabio (secuela de El nombre del viento) y A través del espejo y lo que Alicia encontró allí.

Ahora sigo con Sputnik, mi amor, de uno de mis favoritos: Murakami.

Anoche, tras una sesión extendida y emocionada de lectura, terminé El nombre del viento (2007), de Patrick Rothfuss. Este es el 4to libro de mi “Propósito literario 2018” que retomé en agosto, tras la merecida pausa que me tomé después de Los Miserables.


La recomendación fue de Andrea y, como suele pasar con las cosas que ella me recomienda, acertó. El libro me atrapó desde la primera página hasta la última línea. No suelo maravillarme ante las fantasías, pero con este libro pasa algo distinto. Lo que más me gustó es la construcción y desarrollo de su protagonista, que, aun sufriendo mucho, no solo logra seguir andando, sino que logra encontrar personas que le aprecien por quien es.

Si bien difieren en cuanto al heroísmo, Kvothe (el protagonista de esta novela) me recordó, por su melancolía, pesar, dolor, angustia y esa destacada cualidad de no dejar de caminar a pesar de todas las piedras en el camino, aunque no sepan bien por qué seguir, a los protagonistas de Murakami. Sentía la misma oscuridad, pero a la vez la misma ternura y compasión.

No creo haberlo leído tan rápido como se merecía, porque lo cierto es que la historia atrapa. Solo que mi viaje en autobús se acortó considerablemente (aprovechaba mucho el trayecto para leer) y otras obligaciones no me dejaban dedicarle el tiempo que quería.

El autor despliega sus habilidades de forma maestra con idiomas, culturas, costumbres y tradiciones creadas para la obra. Siempre he pensado que alguien que es capaz de elaborar esa serie de elementos para una novela tiene una creatividad no solo admirable sino eterna.

Lo único malo de todo esto es que el libro tiene una segunda parte. Quedé en la que consideraba la cresta de la ola y ahora no sé cómo sigue la historia de Kvothe... Y si quiero cumplir mi propósito literario (que dudo pueda terminar antes del fin de año) tendré que postergar la segunda parte unos cuantos meses.

Sin embargo, el reencuentro con Kvothe es seguro.

Hay cosas muy importantes en mi vida que son de conocimiento público, cosas que saben mis amigos o cualquier persona que entable una conversación conmigo de 10 minutos.

Algunas de esas cosas son mi afición por el cine, los libros, la escritura, el rugby, mi mamá, Pink Floyd y Gianny. Hoy voy a hablar de las últimas dos cosas.

Quienes me conocen saben que me siento muy dichosa de que Gianny sea mi compañero de vida. En él encuentro a diario el complemento de mi felicidad, razones para sonreír y motivos para trabajar por cosas mayores. Desde que empezamos a caminar juntos nos hemos llenado de detalles, sorpresas pero sobre todo de ganas de hacer feliz al otro.

Por otra parte, Pink Floyd es mi banda favorita en el mundo. Lo he escrito en artículos, biografías de redes sociales, lo digo públicamente: en fin... Es la banda más grande que ha existido y existirá para mí. Si alguien quiere saber que tan intensa soy, cómo me siento respecto al mundo, a la sociedad, a las relaciones humanas, escuchen algún disco de Pink Floyd, ahí está la respuesta.

Todo esto viene a una sorpresa que me dio Gianny hoy, que todavía me tiene con las pulsaciones aceleradas y la sensación de estar soñando.

Yo con la entrada más linda del mundo
Les adelanto la sorpresa porque el cuento es largo: TENGO ENTRADA PARA VER A ROGER WATERS EL 10 DE NOVIEMBRE EN EL ESTADIO ÚNICO DE LA PLATA.

El cuento: Hace unos 3, 4 meses participé de un concurso por Twitter que hicieron los del programa de radio Metro y Medio para ganar 2 entradas para Roger Waters. No gané.

Ustedes no saben todas las veces que me he lamentado desde que empezaron a vender las entradas hasta hoy por no tener una. 

Pasada la 1 de la tarde me entra una llamada y me dicen:

— ¿Hablo con Alexandra Perdomo?
— Sí, soy yo –respondí, con poco ánimo creyendo que me llamaban de algún call center para ofrecerme algo que no quería.
— Alexandra, te habla Martín Gamboa, del programa Metro y Medio –dijo con una voz que se entrecortaba por mala señal– para ganar 1 entrada para el concierto de Roger Waters.
— ¡Ay Dios mío! –dije y empecé a llorar–.
— Te voy a hacer unas preguntas, ¿de acuerdo?

Aquí ya estaba demasiado emocionada como para entender qué estaba pasando. Me preguntan el nombre de 2 comediantes argentinos (tenía sentido, el conductor de Metro y Medio es el comediante Sebastián Wainraich), el apellido de David y la fecha de cumpleaños de Roger, que justo había sido ayer. 

— Excelente, Alexandra. Te ganaste la entrada para el concierto de Roger Waters –dijo, y reventó mi grito de emoción y el llanto se salió de control–. Dame tu número de documento. Llama en 5 minutos a este número para que salgas al aire con Sebastián.

Los 5 minutos de más ansiedad en mi vida. Llamé a Gianny y me atendió para decirme que estaba reunido. No le pude contar. Me iba a explotar el corazón. 

Pasados 5 largo y angustiosos minutos, llamé. 

— Ah, sí, Alexandra. Espera un minuto en línea, te ponemos al aire.

Y entonces escucho a Gianny. 
Fabrizio, Gianny y Adrián

— Ajá, mi Dranamoda, te ganaste tu entrada para Roger Waters. ¿Y ahora? –y se cortó la llamada–.

Me tomó un minuto entender que Gianny me había comprado la entrada y que todo lo de la radio había sido mentira, que se había armado todo ese show junto a sus dos cómplices para darme el mejor regalo de cumpleaños adelantado del mundo. 

Así, pues, el 10 de noviembre voy a ver al músico que más admiro y que tantas veces me ha hecho llorar y conmover con sus letras e interpretaciones. El 10 de noviembre veo el que será el mejor show en vivo de mi vida. Us+Them, estoy lista para ti. 

Gracias a Adrián, el "señor de la radio", a Fabrizio, por prestar su teléfono y acompañar a Gianny y gracias infinitas y eternas a ti, mi negro, por tus ganas de hacerme feliz y por todo el amor. 



No sé casi nada de cine de horror. Quienes me conocen saben que no me gusta, me asusto mucho y no lo disfruto. Sin embargo, al ver tanto cine, de vez en cuando Gianny descarga alguna de este género (principalmente porque es él quien se encarga de descargar todo lo que vemos) sin decirme. Esto pasó ayer y vimos Hereditary (2018).

Yendo al grano: la película es bestial.


Lo que nos presenta su director, Ari Aster, es un thriller cargado de mucho drama en su inicio y luego mucho misterio y terror. Disfruté el miedo que me inyectó la película, porque el film no tiene necesidad de hacerte gritar o de poner a correr a una mujer con cara de demonio desde una habitación oscura.

Me parece que la película está en un punto intermedio entre drama psicológico y terror. Pasa que mientras más avanzaba más pensaba que de terror no habría nada, pero te descubres asustado, alterado y ansioso por algo que aún no ocurre, mas todo en la atmósfera del film te dice que va a pasar, aunque no sepas qué es ni cómo se va a manifestar. El nivel de expectativa es alto y con justa razón.

La música en esta cinta juega un papel fundamental y me parece que está magníficamente pensada. Hay muchos detalles que pasan desapercibidos porque estás pendiente de otra cosa, pero cuando te das cuenta de que la música está ahí, colándose en tu cerebro para ponerte en tensión, entiendes el excelente trabajo que hicieron con ella.

La última parte de la película desborda en lo sobrenatural. Me pasa con este género que suelen ir mucho más allá del "de que vuelan, vuelan", porque suelen mostrarnos exageraciones espiritistas tridimensionales que se alejan mucho de cualquier cosa real -aunque igual me asuste verlo-, pero con Hereditary pasa que todo es demasiado real y te hace angustiarte lo suficiente como para creer en lo que ves.

Hay escenas que no salen de mi cabeza. Y todavía trato de buscarle una vuelta a todo lo que vi. Cuando terminó supe que nunca había estado tan asustada sin saber que lo estaba. Me quedé con una sensación de miedo natural pero perturbador.

Lo que me hace pensar que esta película podría marcar el inicio de todo un nuevo género (el cual definitivamente seguiría con entusiasmo) es que te recuerda los más íntimos miedos que tenemos ante lo desconocido, ante nuestra más humana naturaleza, ante el horror que nos genera confiar en otros.

9

Me da terror hablar de este libro, porque sé que es imposible que le haga el honor que se merece y porque, debido a su extensión, es lógico que lo que diga llegue, quizá -con suerte-, a un 5% de lo que es.

El libro fue publicado en 1862 y su autor fue el poeta francés Víctor Hugo. Su tema central, en lo que a mí respecta, es el bien y el mal; para entender cada extremo se nos pasa por temas éticos, morales, religiosos y políticos.

Es recurrente que el autor nos ponga en un escenario donde lo que puede considerarse "justo" es lo menos humano. Nos acerca a realidades muy delicadas donde la entrega y el desinterés nos llenan de ternura; no obstante, la implacabilidad de la ley procura no descansar y persigue desde la sombra a aquel que alguna vez cometió un error.

El contexto histórico del libro es interesante. Sus personajes viven la Rebelión de junio (1832). Víctor Hugo se toma el trabajo de contarnos acerca de la baltalla de Waterloo (1815), de sus protagonistas, los aciertos y los errores. Aunque esta parte no me resultó la más interesante y a veces me parecía innecesaria, lo cierto es que su forma de contarlo no llega a aburrirte. También abundan las descripciones de la sociedad francesa, desde los altos estratos hasta los más bajos. Y aunque la historia tiene 5 protagonistas principales, su extensión nos brinda la historia de distintos personajes que en algún momento confluyen en la vida de los protagonistas (algunos, incluso, cambiando rotundamente el curso del libro).

Desde el principio de la obra, cuando conocemos a Jean Valjean y luego a Fantine, vemos la peor cara de la pobreza. Damos un vistazo profundo al interior de la miseria y la desesperanza. De ambos conocemos la fatalidad de dos historias distintas. Somos protagonistas de las diatribas morales dentro de Jean Valjean, el odio que siente por la sociedad pero los principios éticos que lo obligan a ser mejor.

Con Cosette vivimos la ternura, la lástima y la desgracia, esto último a manos de la maldad de los Thénardier. Después volvemos a la luz con la esperanza de un amor fundado en un renacer espiritual, convertido luego en un amor que brinda protección. Una historia llena de inocencia entre tanta oscuridad.

Con Marius vemos la juventud en su máximo esplendor, la rebelión, el primer amor, la entrega, la fantasía, luego el abandono, la tristeza, el abismo. En la parte final, un poco de prepotencia y altivez, pero no dejamos de sentir, a través de él, la enfermedad del amor.

Los Miserables es una obra que nos intenta explicar el poder del perdón, la reivindicación y la importancia de una conciencia tranquila para llegar a la paz. Existen reglas morales y muchas inmoralidades. También desdichas, infortunios y mucha miseria, no solo económica o social, también del alma –la más grave de las miserias–.

Aunque la obra pueda asustar por su extensión y lleve tiempo leerla, es una historia que captura y se vuelve familiar. Para mí fue como ver una serie. Ir a un personaje, ver otros contextos y esperar siempre volver al personaje que más nos guste (en mi caso –imagino es la opinión más popular– Jean Valjean).

Siento que la novela me dio mucho. Es una pieza de literatura sin igual. La historia respira con corazón propio y ha entrado sin dudarlo en el puesto 2 de mis libros favoritos (el primer puesto lo sigue teniendo La Divina Comedia). Se lo recomendaría a cualquier persona, porque no tengo dudas de que es una historia comprensible para cualquiera y que a todos les llegará directo y sin pausas al corazón.

El final es todo lo que uno espera. Tengo que admitir que el último libro de esa increíble quinta parte fue la que más rápido leí, porque no podía pasar 1 minuto más sin saber el desenlace, sin saber en qué terminaría todo lo justo que hizo a lo largo de toda esta historia Jean Valjean por quien amaba y por honrar el alma de aquel que lo ayudó a cambiar con un solo acto de compasión.

Sin embargo, aunque Jean Valjean sea mi persona favorito de este libro y ahora uno de mis favoritos entre todos los libros que he leído, la escena que más conmoción y lágrimas me causó la protagonizó Fantine. No hay forma de dar pistas de cuál es sin spoiler para quienes no han leído el libro, así que lo dejo en una nota al final[i]  (si no lo has leído, NO LEAS LA NOTA)

Los Miserables es la historia de muchos miserables, entre los cuales algunos hacen lo propio para cambiar su propia historia.

Un libro sin una página de desperdicio, se los aseguro.

Si quieren el epub que leí, solo pídanlo. La versión que descargué está excelente.



[i] Hablo de la escena en la cual Fantine está sentada en la oscuridad de su cama, llorando, y le dice a la señora que la acompañaba que estaba feliz de poder enviarle dinero a los Thenardier para Cosette quien estaba "enferma", mientras le sangraba la boca pues, para conseguirlo, acababa de vender sus dos incisivos superiores.