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Me sé afortunada porque pude disfrutar de ti sin lemna ni contaminación durante toda mi infancia, y bañándome en tus aguas disfruté de insuperables momentos junto a mi familia y amigos. Hiciste que no me gustara el mar por lo salado, porque me acostumbré al agua dulce que tantas veces me tomé sin querer, pero que nunca me hizo ningún mal; bajo la cual podía abrir los ojos sin ardor ni lágrimas. En tus orillas aprendí a comer los chipichipi que encontraba enterrados en la arena, siempre con un poquito de limón. La rutina era pasar todos los sábados y domingos del mundo en la playa, y yo desde muy tempranito ya estaba dando volteretas dentro de tu oleaje apacible, hasta que el sol se ocultaba y mis padres me obligaban a salir. Aprendí lo sabroso que es bañarse mientras llueve o por las noches -aunque sea peligroso y hayan muchos más animales rondando-, y vi de cerquita la majestuosidad del puente que te atraviesa cuando pude estar debajo de una pila, un día muy de noche. 
  
Hoy, porque Alonso de Ojeda tuvo la dicha de ver tu poderío, dicen que celebramos tus 517 años, pero yo celebro que siempre has estado ahí; y aunque lamento todo el mal que te hemos hecho, la contaminación que hoy me impediría bañarme una vez más en tus aguas, tengo la esperanza de tu recuperación, y espero algún día volver a ver generaciones enteras disfrutando de tu perfecta agua y llenando de hermosos recuerdos la memoria de muchos otros.
Más allá del deporte, un guerrero en la vida. Superando vicisitudes desde el uso de la razón, manteniendo la calma aún en los escenarios más escabrosos, cultivando conocimientos que ayuden al crecimiento y cosechando la sabiduría de quien vive para llegar a la felicidad plena. A pesar de todo y de todos, con rostro al viento, has sabido mantenerte en la lucha, has mantenido largas victorias y has podido levantar la cara ante las derrotas. Con tenacidad has hecho frente al camino y de la mano de quienes deseamos acompañarte te sigues abriendo paso a la alegría. Presto a ayudar a quien te llame, amigo de muchos, hombre ejemplar: Rambo en el rugby, Gero en la música, bembocho en la familia, el amor de mi vida. Hoy celebro tu vida porque tengo ganas, porque mereces que sea celebrada, porque me gusta tu mirada alta y la humildad de tus pasos.
Fotografía de @ADJFotografia

La lucha por la felicidad jamás supondrá una derrota.

Warrior

by on 23.2.16
Más allá del deporte, un guerrero en la vida. Superando vicisitudes desde el uso de la razón, manteniendo la calma aún en los escenarios má...

25 de febrero
Las ideas vienen de los lugares menos imaginados; de la señora que corre porque va tarde, del niño que llora para manipular a los grandes, del viejo que sabe que el tiempo no vuelve y que el suyo se acaba. La gente lee historias ignorando que quizá sea la suya, que por algo les resulta familiar. Por eso tenemos tantas libretas de apuntes encima, porque nos preparamos para cada historia que se nos atraviesa.
En la sala de espera de una clínica.
06 de marzo
Me sorprende, a veces, la falta de escrúpulos del ser humano; algunos parecen encontrar goce en el sufrimiento de otros. El problema con algunos es que no fingen, no se inmutan ante el sollozo sino que lo hacen más insufrible. Para mi ingrata sorpresa, el hombre y su descendencia se hacen daño entre sí mismos, y cuando hay que mostrar otra cara, de solidaridad o pudor, prefieren ocultar sus cabezas bajo tierra agria.
En una banca de una plaza, en los Dos Caminos 
20 de marzo
El egoísmo es la base de la miseria humana. Cuando el hombre es egoísta se vuelve incapaz de sentir el pesar, mucho menos tiene la capacidad de sentir el dolor del prójimo; esto no le deja concebir el ayudar, el compartir, el apoyar. Y cuando damos la espalda a problemas sociales contribuimos a hundir aún más a nuestra sociedad en la miseria. La miseria de la soledad, del individualismo y la indiferencia. Somos la creación más miserable, y poco nos importa.
En la oficina
22 de marzo
El conocimiento hace al mundo. Es lo que conocemos lo que nos diferencia del resto de las especies, entre nosotros, de otros. Nacemos con la necesidad de aprender para sobrevivir. Mientras sobrevivimos seguimos aprendido para sobrevivir mejor, para tener más oportunidades, para mantener el desarrollo de la especie. Conocemos y compartimos lo aprendido. Es así como el mundo se mueve, a veces, a nuestro favor… porque sabemos.
En casa, mientras leía a Volpi 
26 de marzo
Caos. La ciudad es un caos, las personas se vuelven caóticas y el horror se apodera de la situación. La gente agrava el caos. Las calles son intransitables, los lugares sin espacios, la puntualidad no existe y el ánimo es el peor. Todo toma el doble. Mi cabeza también es un caos que opaca el resto, que no me deja pensar más que en el caos de hoy, el de mañana, en de estos próximos días. Hoy la vida de todos es parte del caos.
En una camioneta – Reparaciones en la línea 1 del metro de Caracas 
12 de abril
Es la confianza el acto de mayor humildad que tiene el hombre. Confiar en la palabra del otro, que puede estarle mintiendo, que puede pretender engañarle, pero por alguna razón a veces el hombre decide confiar. Confía en la buena fe, en el respeto, la humanidad; confía en que el otro agradecerá debidamente su confianza. Hasta que lo engañan, le abusan. El hombre conoce la desconfianza y se vuelve celoso, no dando a nadie más su preciada y mal recibida confianza. Y descubre que así le va bien. Pero la vida se empeña y lo obliga, a ratos, a confiar. Allí entra la humildad del hombre.
En casa. 
Alexandra Perdomo
















La noche desprendió un aclamo. Se disparó una palabra de mi adentro, imponente, inductiva, se recostó a otro puño, se mudó de lengua y abandonó mi angustia. Me encontré anclada en una habitación ruidosa, llena de versos a los que intenté acercarme, pero que no pude leer.

Olí el rastro de la que me dejó. Marchada hasta la ventana saltó al vacío, huyendo del vestigio de mi pluma, olvidando la necesidad mía de escribirla en cada rincón, sobre cada hoja o un cuerpo entero. Una tarde, en algún autobús sin ruta en el parabrisas, la vi. El encuentro era inminente.













La naturaleza desprende sus encantos en la lluvia, que poderosa recubre la creación. No necesita concesiones ni aprobaciones, cae sobre justos e injustos, cae en la guerra, sobre árboles y gente. Cada gota recuerda el llanto y una sola gota de lluvia vale más que mil lágrimas. Se presenta a cualquier hora, en cualquier mes, para ser testigo y prueba. 

La lluvia no teme a los fuertes mas atemoriza a muchos que le sienten, en la cúspide de su poder. Es indiferente ante aquellos que le repudian. Sus gotas corren por ventanas, sombrillas, bancas y animales, hasta caer al piso... pero no mueren; alimentan la tierra para gestar vida, para dar continuidad, porque el egoísmo no le corroe. No extraña al sol ni reclama a las estrellas. La lluvia es para sí misma, para los otros, para lucirse y ayudar. No conoce de tiempo ni estratos, no recuerda el pasado pero evoca grandes tiempos. Su fuerza es proporcional al poder de la tierra en la que cae, de la gente que le habita. Ha presenciado grandes derrotas e incontables victorias. Ha dado su rostro al viento y no ha negado su origen. No pretende, no miente. Esclarece la mente de los meritorios. 

Cuando la lluvia se acompaña del temor luminoso que hace daño, real daño, es porque el enfado ha turbado sus cauces y una voz dice no temer a su grandeza. La lluvia cambia, prorrumpe entre los agraciados, dejándoles polvo, del mismo que vinieron. 

La lluvia deja esperanzas a su marcha, llena de luz praderas, ciudades, habitaciones. Se hace más hermosa en lo adverso y se entrega a los colores que complacen con odas su reinado. 

La lluvia es agua, nada más que agua... 
el sostén de la existencia