«Soy extraño a los ruidos de las ciudades, de la gente, a la codicia de la maquinaria que no duerme, al zumbido de la fuerza que devora la noche.»

«Porque vivimos en un vientre de ilusión colectiva, nuestra libertad no pasa de ser un aborto. Nuestra capacidad de alegría, de paz y de verdad nunca queda liberada. Nunca se puede usar. Estamos prisioneros de un proceso, de una dialéctica de falsas promesas y engaños auténticos que acaban en futilidad.»

«El hombre que se atreve a estar solo puede llegar a ver que el "vacío" y la "inutilidad" que la mente colectiva tiene y condena son condiciones necesarias para el encuentro con la verdad.»

«El solitario, lejos de encerrarse en sí mismo, se hace en todos los hombres. Reside en la soledad, la pobreza, la indigencia de todo hombre.»

«La colectividad no sólo necesita absorber a todo el que pueda, sino también, implícitamente, odiar y destruir a todo aquel que no pueda ser absorbido.»

Citas tomadas de "La lluvia y el rinoceronte", de Thomas Merton
36 estaciones que has recorrido
desde que saliste del vientre de tu madre,
más maravillosa desde ti.
Suma 36 años la Tierra,
sosteniendo tu andar
y abriendo caminos seguros para ti.
Son más de 36 tus buenos actos para con los otros,
tu bondad y disposición incondicional.

A Dios gracias por ti, porque respiras, cantas y vives.
                               Porque te vivo.

Tienes ojos que saltan, tanto como tu espíritu ante la necesidad del prójimo;
una sonrisa que complace, comparte y que se alimenta de más alegría;
unas manos que trabajan, tocan e invitan al aguante;
una espalda valiente, que se mide contra el mundo, y no tambalea;
un corazón firme y decidido, dado a la humildad de lo claroscuro.

Has visto cómo otras cosas nacen de ti,
                               y son buenas, similares.
Han pasado muchas cosas ante tus ojos,
las has sabido mirar, entrándote en lo que regocija.

36 años han bastado para muchos amores,
para intentarlo varias veces,
para fallar...
                               llegar a lo esperado.

Los frutos de la vid han brotado sobre tus hombros,
la dulzura del placer está fijada en tu semblante,
los matices se adecuan al ánimo de tu andar.

Sumas hoy 36

by on 5.9.14
36 estaciones que has recorrido desde que saliste del vientre de tu madre, más maravillosa desde ti. Suma 36 años la Tierra, sosten...













La naturaleza desprende sus encantos en la lluvia, que poderosa recubre la creación. No necesita concesiones ni aprobaciones, cae sobre justos e injustos, cae en la guerra, sobre árboles y gente. Cada gota recuerda el llanto y una sola gota de lluvia vale más que mil lágrimas. Se presenta a cualquier hora, en cualquier mes, para ser testigo y prueba. 

La lluvia no teme a los fuertes mas atemoriza a muchos que le sienten, en la cúspide de su poder. Es indiferente ante aquellos que le repudian. Sus gotas corren por ventanas, sombrillas, bancas y animales, hasta caer al piso... pero no mueren; alimentan la tierra para gestar vida, para dar continuidad, porque el egoísmo no le corroe. No extraña al sol ni reclama a las estrellas. La lluvia es para sí misma, para los otros, para lucirse y ayudar. No conoce de tiempo ni estratos, no recuerda el pasado pero evoca grandes tiempos. Su fuerza es proporcional al poder de la tierra en la que cae, de la gente que le habita. Ha presenciado grandes derrotas e incontables victorias. Ha dado su rostro al viento y no ha negado su origen. No pretende, no miente. Esclarece la mente de los meritorios. 

Cuando la lluvia se acompaña del temor luminoso que hace daño, real daño, es porque el enfado ha turbado sus cauces y una voz dice no temer a su grandeza. La lluvia cambia, prorrumpe entre los agraciados, dejándoles polvo, del mismo que vinieron. 

La lluvia deja esperanzas a su marcha, llena de luz praderas, ciudades, habitaciones. Se hace más hermosa en lo adverso y se entrega a los colores que complacen con odas su reinado. 

La lluvia es agua, nada más que agua... 
el sostén de la existencia
En ti reside la vida; en tu ausencia no hay esperanzas albergadas. Aférrate en la cumbre de las colinas. No te dejes consumir en el caos de las ciudades que fabrican con máquinas y venden. Refúgiate en el vuelo de los cantores y no te detengas por súplicas, porque muchos han perdido su corazón entre el ruido y la contaminación. 

Anídate a los sueños grandes, olvídate de los pequeños, porque son codiciosos y egoístas, además son falsos. Duplica tu existencia en la frondosidad de la muerte, aprovecha que ya no todo respira. Vive sin pensar en el tiempo, porque la eternidad viene de ti, que existes hasta siempre.

Sigue recordando las olas, quienes deben a ti su nacimiento. Asalta todas las auroras y no dejes descanso al alba, ya que no duermes y estás por doquier, hasta donde no quieres -porque no te aprecian-. 

Aunque el hombre te contamine con su descuido, no te rindas. Ayuda a quienes siguen buscando sentir con el rostro tu soplo de libertad. 

Ávila - Paisaje de Caracas, de Juan Carlos Gayoso

La codicia enceguece al corazón, aún el más sutil. Remonta la nobleza encantadora; la herencia de lo humano se pierde ante la aberración del espíritu codicioso. De amistades no entiende y en confianza y honestidad no posa su estima. 

La seducción por lo material, por aquello que no sabe de estímulos, es superior a la inanición de humanidad, que el cuerpo no siente, pero el resto nota. 

El deseo de hacer el mal, por conseguir abundancia, llena la cabeza de aquellos cuyos esfuerzos yacen en incrementar lo que los mantiene esclavos. Las mentes son corrompidas por el deseo codicioso, se ausenta la visión de sentimientos cruciales, hasta que olvidan el aroma de la libertad, hasta que el fin los toma sorprendidos, con la fortuna encarnada que ni en soledad pudiesen disfrutar. 

Recorrido el camino que me confronta en cada despertar del sol, encuéntrome con la historia que, arrebatada, me afirma la desdicha de los que andan sin rumbo, de los que no encuentran sus sombras ni han vuelto a batallar con la aurora. 

Para estos, andar no corresponde y ser feliz no es más un problema. El dolor les es causa primera, mientras comparan sus faltas en aquello que hicieron. La mezcolanza de alaridos, la desesperación agotada, sin compañía, nada distinto de lo que ya conocen, sin suelo ni cielo. 

Habiéndome sumado al relato de la desgracia, he vístome en la vergüenza feliz de encontrarme aún de pie; me he adentrado a la batalla, procurando lograr ver que todos se ocultan, cansados, pero aún con sombra y aliento.
Las paredes siempre blancas, no totalmente pulcras, manchadas por las espaldas que se han arrecostado y los zapatos que se han procurado descanso. Las manchas que esconden el miedo, la desesperanza.

Los pasillos largos, con caminos dispersos que llevan a otros pasillos aún más largos, y mientras se camina, el frío se apodera de la tranquilidad. Las luces cegadoras inquietan, desesperan.

Infantes que lloran sin consuelo y una mano que no los conforta. Adultos que no pueden contener las lágrimas y van arrastrando el peso de años de vicios -a veces años de descuido-. Los ancianos que vienen a escuchar lo de siempre, otro caso sin remedio, más gastos irremediables.

La señora que le busca conversación a su par, pero aquel que no tiene ganas de hablar a causa del pesar pasa por grosero, mal educado, incluso hasta inhumano. Y es que en el dolor todo nos parece inhumano y el temor nos hace todo increíble.

Las Virgilios de varios Dantes, intransigentes, mayormente cuarentonas malhumoradas que poco han sabido sonreír, que arrastran sus propias penas pero que hacen mayor el pesar porque nunca les ha pasado. Encontrar una amable es hallar el perla negra estacionado.

Los teléfonos nunca paran de aturdir, los alaridos son comunes y este viene siendo el único lugar en el que, por miedo a la muerte, la gente pretende ser humana, como si eso pudiese librarlos de un mal diagnóstico.

Algunos salen bien librados de estas visitas, pero otros tantos salen a casi morir... hay quienes no salen. Lo cierto es que entrar siempre es amargo, sea por uno o por terceros,  pero lo natural es no querer pisar este mármol, siempre tan reluciente... tanto que nos refleja nuestra pena y nos muestra la de los otros, aunque poco nos importe la angustia de otros.

Por orden de llegada, porque a pesar de todo, cada cual quiere ser primero.

Aquí no existe pudor y la amabilidad siempre es fingida.

El hombre, desde que llegó a ser alma viviente, se ha visto inclinado y guiado por la necesidad inherente de comunicarse. Es el obedecimiento a esta necesidad lo que lo llevó a ingeniárselas para grabar memoria de su contexto, de toda la realidad que lo ha cercado. Para muestra la pintura rupestre, que data de, aproximadamente, 10.000 a. C.

La comunicación acompañó al hombre en su progreso integral, como ser social, económico, filosófico. Otros ámbitos de la vida del hombre fueron desarrollándose a un paso distinto al de la comunicación, sin querer significar esto que se hubiese albergado exclusivamente en los recovecos del hombre la necesidad de comunicarse. Al contrario, es el deseo de poder depositar y conservar en almacenes físicos y mentales su progreso científico y, si no es acaso esto una ilusión, la practicidad de vivir en sociedad, lo que lo lleva a llevar la comunicación un paso adelante.

De este hecho deviene lo que Pasquali, en su libro «La comunicación-mundo» (2011), cataloga como “uno de los momentos más estelares de la historia de la humanidad”: la invención de la escritura. A partir de este momento, que indiscutiblemente cambia para siempre el curso de la comunicación entre los hombres, y la posibilidad del saber, el hombre es capaz de transponer su conocimiento, su pensar, su hablar a un código analógico que le permite un almacenamiento más efectivo y menos limitado, que se extenderán a los lejanos e incluso a los futuros.
Susurro, de Carlos Pujalte
 















Se avalancha sobre él, mientras yace en la agonía; mediante el esbozo de un jadeo que cubre el mármol, incluso el suelo, finalmente deja ver algún destello de su vida, tan pequeña y débil en esa noche, llena de susurros y ronroneos, celosos y multiplicados. 

Le grita que viva, más que por pudor o miedo, porque su necesidad de sincerarse es más alta que su respeto por el mundo de otros: para ella no hay muchos como él.

Alexandra Perdomo (octubre, 2012)

Dobles

by on 20.10.12
Susurro, de Carlos Pujalte   Se avalancha sobre él, mientras yace en la agonía; mediante el esbozo de un jadeo que cubre...
Cicatrices, por Marcus Vinícius, 2010














Todo nace de una cicatriz

Son ciertos días en los que pregunto dónde descansa el colibrí, hasta dónde llegan las manadas sin perderse, por qué se mezclan la salvia y el tomillo, cuánto dolor soporta un cuerpo sin heridas. 

Pronto supe que el colibrí que se detiene muere, que el extraviado es revolucionario, que Cortázar no era buen cocinero y que todo cuerpo nace de una cicatriz.

De ahora en más

 La distancia como actitud que persiste al tener, acostumbrarse y luego, en contra del sentido natural, regresar. La presencia se hace distante, como si nos desconociéramos de siempre. La confianza ya sembrada, lista al brote, no aflora, se tensa para no adherirse. Alguien que está toma distancia y yo, no siendo buena para extrañar mientras, me aparto a bocanadas. Me obligo a entender que es lo correcto, que persistir en lo equívoco y dañino, aunque deleitable, me hará perder. Aunque prefiriera perderlo todo por no revocarme a la ausencia cercana, la conciencia se arrastra con su incesante arar, que vengativa quiebra los cimientos de un orden establecido, para volverlos polvo fértil. Somos polvo.


Tributo
 Escuchas la luz porque golpea el silencio irreversible del canto diferido en... Notas la lluvia cuando interrumpe el latido de las mariposas que mueren y... Sientes las olas cuando revientan el infranqueable tormento de noches que... Hurgas latitudes adversas de los que sienten el sollozo de tus adioses sin... Piensas que todo vuelve aunque la experiencia te dicta que nada... Vives del polvo de amaneceres rotos por el atisbo del... Recuerdas la exhalación centrífuga de la muerte asida a... y aún llueve.

***
El verde no pinta árboles muertos. Me vuelvo a la falsa sonrisa que estremece el sopor, la huida mirada que evoca el pesar de lo que no te di. La culpa, como la mancha en el cuadro sobrante de aquella vieja camisa que olvidamos. Sólo pediste mis mañanas, el primer aliento, el olor del café, sin el humor de las despedidas ni los sueños atracados de madrugada. Sólo quisiste las risas fingidas, los llantos de supuestos orgullos. No pudiste con los domingos, no te atreviste al vacío con alas de hierro. Pedí cuanto podías e incluso eso mediste… ¡Hasta que sin ti! Pinté otro borde de labios en un café que consume lo indecible.



Del poemario Todo nace de una cicatriz, de Alexandra Perdomo (inédito).

En el 2006 Casciari escribió "El día que cada persona sea la agencia EFE". Ahí plantea lo que significa el periodismo digital para él, y lo define como "un enorme puzzle de aficionados con teléfonos, cámaras y un espacio online". ¡Qué definición más acertada! ¿Por qué lo digo? Porque, verdaderamente, desde que existe el periodismo digital la manera de comunicarnos ha evolucionado en formas que antes no habríamos podido imaginar.  

Empezamos con los blogs, estos sitios que muchos utilizamos para drenar, compartir conocimiento, iniciar revueltas o simplemente informar. Pero los blogs si bien aún no se han quedado atrás, están siendo desplazados, paulatinamente, por las redes sociales. Desde la aparición y consecuente explotación del Twitter, la forma de informar ha cambiado de manera inesperada. Casciari afirma que el 90% de las cosas que se escriben en la web son estupideces, y muy probablemente el porcentaje haya aumentado desde el 2006. Pero también hay que afirmar que la gente, aunque a veces no entiende bien por qué hace las cosas, está empezando a notar que forma parte de algo grande, de algo en lo que participamos todos, que formamos y difundimos... eso es periodismo digital. 

Para comprender mejor el papel o los roles que tenemos dentro de la construcción de una realidad social, siempre deseosa de estar informada, debemos entender primero que el periodismo digital no es únicamente eso que vemos en los portales web de las grandes empresas periodísticas del país. Los medios tradicionales están intentando sobrevivir en esta nueva era digital, aún están aprendiendo a formar parte de la red. Por eso lo que vemos no es más que una transcripción de las noticias que salen publicadas en la prensa tradicional; ¿Es eso lo que quiere el cibernauta? Algunos quizá se muestren conformes, pero la mayoría quiere una comunicación más directa, efectiva, eficaz y con menos extensión. Saber lo que necesitas en un mensaje de 140 caracteres es lo que le ha dado el éxito a Twitter; por eso, como lo veo, es el medio más propicio para difundir las noticias. Ves la información, te enteras del enunciado y lees la nota completa únicamente si estás interesado en hacerlo.

A. López, A. Perdomo, J. A. Núñez,
J. A. Aguirre (Viejo). 2010.

Para José Ángel Aguirre,
quien me acompañó y me sigue acompañando,
a pesar de la distancia.


La distancia invita a la ausencia que, de una forma directa, se entromete en nuestro diálogo, en la comunicación diaria a la que nos acostumbramos y mantuvimos durante más de 3 años. Bien lo decía Chiara Lubich, los hombres «han sido creados para vivir juntos como hermanos», y así aprendí a convivir contigo, rutinariamente en los pasillos de la universidad y los salones que nos sirvieron de antesala al conocimiento, que posterior desarrollamos con círculos literarios, donde promovíamos la creación de un “nosotros”.

Estudiando un poco el pensamiento de Lubich, su paradigma y comprendiendo que su intención no era más que hacer entender al hombre que debía superar el individualismo y unificar la familia humana, comprendo, amigo, que tú, José Ángel, Andrea y yo llegamos a ser una familia, que se incrementó al aceptar que todos somos uno y nos asociamos con nuestros compañeros de clases, para construir el lugar propicio para el desarrollo humano e intelectual de cada uno de nosotros.

Gracias al sentido de pertenencia a lo común, difundido por la fraternidad, es posible conjugar la libertad y la igualdad, que decanta estrictamente en el compartir humano (la donación, los sentimientos hacia el otro, etc.). Es entonces cuando recuerdo lo compartido en nuestra historia, no sólo en el aspecto académico, sino también en lo social. Estoy segura, entonces, de que recuerdas los días en los que nuestra vida se llenó del espíritu de otros, durante nuestras prácticas profesionales en la televisora, por ejemplo. Ayudar y servir a los otros nos reconforta y hace que queramos trabajar proactivamente para cumplir los intereses generales, superar el paradigma de “intereses particulares”, que, como menciona Rousseau en El contrato social, no hacen más que responder las necesidades de quienes se manejan en el poder.

Siempre tuvimos como emblema el diálogo. Recuerdo que para solucionar cualquier cosa no bastaba más que sentarnos, tomarnos un buen café, comer unas galletas y conversar. Pero Chiara Lubich define el diálogo no sólo como el acto en intercambiar opiniones, sino también el hecho de reconocer al interlocutor como hermano, quien tiene, porque merece, la posibilidad de expresar lo que dice, piensa y cree. Chomsky considera que es un acto de violencia y ofensa no considerar al otro como un “interlocutor válido”. Ahora agradezco mucho lo que siempre me dijiste, y que se corresponde con el paradigma de Lubich, que cualquiera sea la opinión, creencia, historia u origen del otro, merece ser considerado por nosotros, no simplemente como alguien que dialoga sino como un hermano; por ende, merece ser escuchado con respeto. Es justamente aquí donde reside el sentido totalitario del diálogo.

Recuerda, hermano, que el efecto que debe tener en nosotros el diálogo fraternal es hacernos entender que es posible ser hermanos, dialogar con calidad, que debemos comprometernos con la realidad social y transformarla, a pesar, nuevamente, de la distancia.

Por eso, a la distancia, te expreso mi más grande respeto y admiración. Además, recordarte que en mí, el cariño para ti es inmedible.


[Nota: Esta carta se realizó como parte de una actividad evaluativa para la cátedra "Diálogo en la Cultura Contemporánea".]

Carta para el Viejo

by on 16.6.12
A. López, A. Perdomo, J. A. Núñez, J. A. Aguirre (Viejo). 2010. Para José Ángel Aguirre, quien me acompañó y me sigue acompañando...

Solemos quejarnos, creo que más de lo necesario, porque en la ciudad "no hay suficientes eventos interesantes a los cuales asistir", pero lo cierto es que sí los hay, sólo que no buscamos en los sitios correctos.


El CAMLB siempre tiene proyecciones de cine, divididas por ciclos, incluso. En el Teatro Baralt hasta hemos tenido el placer de ver pre-estrenos de largometrajes venezolano. Yo, por ejemplo, pude ver «Reverón», escuchar al director presentar su propia película y solamente pagué 10Bs. F, destinados al mantenimiento del teatro. Así como pasa con el cine, pasa también con los eventos musicales. Sabemos que La Estancia siempre tiene una programación variada, donde ofrecen una destacada cantidad de conciertos al mes.

¿Pero qué hay de los movimientos literarios de la ciudad? ¿Por qué no hay recitales de poesía o discusiones abiertas sobre algún libro? Pues debo decirles que sí los hay, pero, como mencioné al principio, muchas veces buscamos en el lugar equivocado, o simplemente esperamos que la información nos toque la puerta de la casa. Esta clase de eventos suelen tener lugar en las universidades de la ciudad. Por ejemplo, la UNICA (Universidad Católica Cecilio Acosta) tiene un taller literario abierto al público, donde jóvenes escritores convergen en un aula para compartir sus textos, todo bajo la dirección de los facilitadores del taller. En LUZ (Universidad del Zulia) se realizan otros talleres literarios, además de foros y conversatorios con escritores venezolanos.

La UNICA, siguiendo siempre su inclinación a las artes y las humanidades, tiene a bien realizar esta clase de eventos literarios, y su invitación no se limita al público interno de la universidad, busca extenderse a todos los interesados. Por eso, quiero hoy invitarles al Recital de Poesía con el reconocido poeta y cronista venezolano, Guillermo León Calles, quien compartirá parte de su obra «Relatos de mi otra infancia». La actividad se realizará el martes 19 de junio, a las 3:00 PM en el aula C-1 de la UNICA.

La formación del poeta también consiste en leer -en este caso escuchar del mismísimo autor- la poesía de los que ya han dejado huella.


Siento el brillo que enceguece. No logro ver más allá de la oscuridad en tus ojos, tan faltos de sol. Río, irónicamente.

El mundo, tal cual lo conocemos, deja de ser una realidad, y me convierto en partículas  refugiadas en rayos del sol de alguna galaxia, intocable, inalcanzable; me alimento de polvo de nebulosas, intuyo el paso de planetas, alojo secretos de vidas pasadas. Observando, inmutada, colisiones estelares, me mantengo viva.

Entonces, extraño el romero, la albahaca y el tomillo, añoro la brisa que se colaba por la ventana y hacía revolotear las finas especias, ahora esparcidas en la losa  del comedor, donde te encuentro, mas no te toco. En una insostenible batalla, el recuerdo desemboca en un suspiro.

No se retiene el infierno, una vez desatado. Recuerdo todas las veces que hicimos nuestra la luna, dejando la noche a la deriva de otros sueños. Los nuestros, jamás los compartimos.

Íbamos al cine los lunes. Comprabas cosas que luego se perdían, hurgando en la oscuridad, bajo los asientos.

El endeble, efímero recuerdo del parque al que íbamos los domingos por la tarde: niños siendo niños, correteando a las palomas; aquel restaurante que tiempo después clausuraron, dejándote un vacío, hasta que encontramos un lugar mejor, o eso dijiste.

Una ráfaga fría, silenciosa y violenta irrumpió el recuerdo, siempre tan frágil. De vuelta al lugar que no conozco. El sol menguó sus rayos, pude sentirlos distantes. Sin saber qué hacer, sin manos que sujetasen las mías, me entregué a ellos, alguna vez fragantes. No creí ver el sol desvanecerse ante estos ojos difamados que sólo vuelven.

Sentí un roce áspero, cálido, tenue, podría decirse humano. Al intentar despegar los ojos, los párpados se dieron por ausentes. Olía a sal, o humedad, quizá; un ruido mezclado con risas  quebradas; el sabor que deja la sed no saciada. Conseguí despegar los párpados, uno, lagañosos, dos, pesados, tres. Una luz apenas visible, como si el universo se contuviera en un parpadeo.

― ¿Son esas personas o sólo cabezas? ―murmuré―.
― ¿De qué hablas? ―refutaste, molesto―.

Delante de nuestros pies, sobre las butacas vacías, se extendía la pantalla, con una película que, naturalmente, no recordé. Me precipité a salir, para verlo tan dueño del cielo, con sus rayos majestuosos. Y reí.




Alexandra Perdomo

Yo, tan lejana

by on 12.6.12
Siento el brillo que enceguece. No logro ver más allá de la oscuridad en tus ojos, tan faltos de sol. Río, irónicamente. El mundo, t...
George Méliès es quizá el nombre más emblemático e importante en la historia del cine. El francés empezó a hacer películas en 1896 (Escamotage d'une dame au théâtre Robert Houdin) y no paró hasta 1913 (Le Voyage de la famille Bourrichon), cuando la Primera Guerra Mundial cambió el sentido del cine y Méliès, embriagado de deudas y sin ánimos de hacer un cine distinto al que estaba acostumbrado, no logró adaptarse al nuevo curso, por lo que pone fin para siempre a su carrera como realizador de películas. A partir de entonces se sume en el anonimato, siendo dado hasta por muerto.
Olvidarse de George Méliès es olvidarse del nacimiento del séptimo arte, cuando aún nadie podría imaginarse siquiera lo que llegaría a ser el cine. Alguien que lo tiene muy presente es el director Martin Scorsese, quien logra relatar espléndidamente la historia de Méliès y su gran aporte al cine con su film Hugo.