Originalmente publicada en entregas en la revista Pearson’s Magazine durante 1897, relata la historia de Griffin, un científico que logra —palabras más, palabras menos—, haciendo coincidir su índice refractivo con el del aire, ser invisible.

Todos alguna vez imaginamos las ventajas que tendría ser invisible. Por eso a mi generación le emocionó tanto ver la capa de invisibilidad en Harry Potter, por ejemplo. Total, ¿qué podría salir mal si se es invisible?

Pero la obra de Wells, que si bien no es la primera donde se plantea la idea, sí es la que mejor la desarrolló y la que más éxito alcanzó, justamente retrata las dificultades y calamidades que acarrea la invisibilidad para Griffin.

Wells se convirtió en uno de los autores de ciencia ficción más importantes de la literatura universal. Su aporte se encuentra al nivel de los más grandes del género: Ray Bradbury, Aldous Huxley e Isaac Asimov. Aunque mientras estos 3 se especializaron en la ficción más dura y distópica (que resultó ser bastante realista en el futuro), Wells fue por un sci-fi más fantástico. Así, dio vida a historias que hoy son parte indispensable de nuestra cultura, como La Guerra de los Mundos (1898) y La máquina del tiempo (1895).

A la novela de Wells lo que la hace tan especial es el peso moral de su historia. Me recordó un poco a Frankenstein, solo que aquí le ocurre a un hombre común, como cualquiera. Lo que pasa Griffin es una muestra de la naturaleza del hombre, de lo que sería capaz de hacer si nadie pudiese verle o detenerle. Tal como Platón argumentó, el hombre es bueno solo porque hay leyes que le castigan; de ser invisible ante dichas leyes, sería malo, tal cual es su naturaleza.

Así, nos encontramos ante una historia de poder y descontrol. Pero también de dificultades imprevistas y el sufrimiento de alguien que no existe para la sociedad. La soledad y la moral son temas principales dentro del relato. Griffin es protagonista y antagonista a la vez. Si bien nos enteramos y lamentamos de las trágicas situaciones a las que se ha visto expuesto debido a su invisibilidad y el no poder revertirlo, somos partícipes del monstruo que se va gestando en él ante la impunidad de la que goza.

Un clásico literario que no se debería dejar de leer. Entretenido y didáctico, es, sin duda, clave para entender la ciencia ficción en su más pura esencia.

Terminado de leer el 11/03/2021

Estamos ante uno de los escritores más reconocidos e importantes de la historia. Molière, dramaturgo, actor y poeta francés, presentó un ingenio tal en su obra que hoy sus trabajos han sido traducidos a todas las lenguas vivas principales.


Aunque nació en una familia bien posicionada, se aseguró de vivir una vida simple y de valerse por sus propios medios. Eso sí, nunca cometió el error de negar sus orígenes. En sus primeros años se dedicó al teatro, como actor. La gloria no llegó temprano, pero llegó. Entonces se le consideró como un gran intérprete y comediante.


Pero en distintos momentos, Molière debió enfrentarse a varios sectores de la sociedad, desde personajes políticos hasta grupos religiosos. Sus obras fueron consideradas por algunos demasiado liberales y se temía la influencia que este pudiese ocasionar sobre el rey.


En cuanto a esta obra, la primera que leo del autor, tiene por argumento a un hombre, en extremo avaro, que sobrepone el dinero y los bienes materiales por encima de cualquier cosa, incluyendo sus hijos, su reputación y hasta su honor. 


Harpagón, el protagonista, no solo es avaricioso. Por esa incesante creencia de que todos quieren robar su dinero, también es mentiroso, insensible, vengativo y ruin. Cleanto y Elisa, sus hijos, enamorados de personas cuyo padre probablemente no acepte por no contar con dinero como a él le gustaría, empiezan su historia en la obra sufriendo a consecuencia de la insensatez del avaro. 


Sin embargo, Molière consigue que todo el relato, embrolloso y tragicómico, se convierta en una experiencia reflexiva, siendo la principal que el avaro no es poseedor de riquezas, sino más bien es poseído por sus riquezas. Nuestro protagonista, gracias a su sed de dinero, nunca actúa de manera racional, sino guiado por sus nublados instintos.


Dentro de todo, la historia de amor detrás de esta comedia es un retrato fiel de lo que han considerado por siglos los franceses como romántico. Hay una fidelidad total por parte de los amantes y un sufrimiento rotundo al no poder vivirlo. Nuestros personajes se encontrarán conspirando continuamente para  poder llevar a cabo su empresa, por lo cual todo termina girando en torno al dinero de Harpagón. 


Ya lo había dicho Séneca: «El pobre carece de muchas cosas, pero el avaro carece de todo». Una obra breve, entretenida y cómica que retrata la situación miserable de aquellos que pretenden vivir por el dinero, y también de aquellos que desprecian esta conducta por haber sufrido de primera mano las consecuencias de vivir con un avaro, que pone en peligro algo tan importante como el amor por su amor al dinero.


Terminado de leer el 06/03/2021


El avaro; Molière

by on 7.3.21
Estamos ante uno de los escritores más reconocidos e importantes de la historia. Molière, dramaturgo, actor y poeta francés, presentó un ing...


Esto es lo primero que leo del argentino Osvaldo Soriano. Casualmente, entre todos los títulos, escogí justamente su primera novela. Considerada un homenaje al género policial negro. Esta historia es cualquier cosa, menos predecible.

 

La historia arranca con Stan Laurel (el famoso «flaco» del clásico cómico estadounidense «El gordo y el flaco») que acude al detective Philip Marlowe, invención de Raymond Chandler, para que le ayude a descubrir por qué Hollywood lo hizo a un lado —tras la muerte del «gordo»—. En el medio de todo, con el detective intentando entender qué necesidad tenía el actor de encontrar esas razones, hay referencias a la vida de la dupla cómica y referencias a otros famosos actores de la época, como Wayne y Chaplin.

 

Y de repente entra en la historia el mismísimo Soriano, como un periodista llegado a Los Ángeles, desde Argentina, interesado en saber más de la vida de los dos actores que encarnaron al gordo y al flaco, para una novela que está escribiendo. Su camino se cruza con el detective que años atrás había aceptado trabajar para Laurel —en esta etapa del libro ya fallecido—.

 

Las aventuras que viven desde ese punto el detective y nuestro autor son una magnífica comedia negra llena de acción, y por acción entiéndase pistolas, golpes, cárcel, mafia, secuestros, tiroteos, etc.

 

Es una novela realmente entretenida, muy dinámica y sorpresiva ante cada paso. Cuando parece que a la pareja no puede pasarle algo peor o más fatalista, Soriano se las ingenia perfectamente para ponerlos —o ponerse— en situaciones aún más complicadas. 

 

El autor es una apuesta segura.  Sé que cualquiera se puede divertir con esta novela. Cuenta con muchísimos títulos más que me iré dando el placer de leer paulatinamente.


Terminado de leer el 01/03/2021


Rimas es una de las obras más conocidas del poeta español Gustavo Adolfo Bécquer, y una de las más populares de toda la literatura hispana. Perteneció al movimiento del Romanticismo, al que llegó un poco tarde, pero no lo suficiente como para quedar por fuera.

 

Tendría que iniciar diciendo que la poesía de Bécquer no es para cualquiera. Es en extremos romántico; sutil, sí, pero absurdamente romántico. A mí no me molesta del todo, pero sí me resulta un poco agotador leerlo poema tras poema.

 

Lo que sí me resultó muy lindo entre sus versos fueron las odas continuas a la poesía:

 

«No digáis que agotado su tesoro,

De asuntos falta, enmudeció la lira:

Podrá no haber poetas, pero siempre

                Habrá poestía».

[IV — pág. 28]


 

«— ¿Qué es poesía? —dices mientras clavas

En mi pupila tu pupila azul;

¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?

Poesía…  ¡eres tú!».

[IV — pág. 43]

 

Hay una prosa lírica que, evidentemente, Bécquer dominaba a placer —y como un gran maestro—. En sus poemas hay mucho amor por la naturaleza. También hay mucho amor hacia la imagen de la mujer, un poco de tristeza y nostalgia… en fin, se encuentra en la poesía de Bécquer una sensibilidad muy honesta y sencilla sobre la vida cotidiana y los sentimientos que nos acompañan hasta nuestra muerte.

 

Soy fanática de encontrar pequeños homenajes o «préstamos» de un artista a otro. Entre uno de los poemas encontré una frase que me resultó muy familiar.

 

«Los suspiros son aire y van al aire,

Las lágrimas son agua y van al mar.

Dime, mujer: cuando el amor se olvida,

¿Sabes tú a dónde va?»

[XXXVIII — pág. 56]

 

Hallé la referencia en la canción «Gitana» de Willie Colón, que dice: «Las palabras son de aire, y van al aire.  Mis lágrimas son agua, y van al mar. Cuando un amor se muere, sabes chiquita a dónde va». Es muy común encontrarse con estos pequeños homenajes en la música, que es otra de las tantas formas de la poesía.  

 

Es, para mí, una lectura de culto que va más allá de lo romántico y lírico.

 

«Llevadme, por piedad, adonde el vértigo

Con la razón me arranque la memoria…

¡Por piedad!... ¡Tengo miedo de quedarme

                Con mi dolor a solas!

[LII — pág. 65]

 

Terminado de leer el 26/02/2021



Sabato volvió a Argentina en 1940 y abandonó su carrera —muy prometedora— como físico e investigador. En 1943 se apartó por completo de la ciencia y se dedicó exclusivamente a la literatura y la pintura.
 
En 1945 publicó su primer libro: «Uno y el universo», una serie de ensayos con los que para 1968 (fecha en la que realizó el prólogo para una nueva edición) no guardaba la misma simpatía ni relación de pensamiento, pero de los que se hacía cargo. A estos efectos, dice:
 
«(…) ¡cuántas arrugas en torno de los labios y de los ojos nos separan! ¡Qué devastación ha traído el tiempo sobre aquella sonrisa y aquel resto de frescura o de espíritu juguetón! ¡Qué abismos se han abierto entre el muchacho de la fotografía y el hombre de ahora! ¡Cuántas ilusiones se advierten allí que han sido agotadas por el frío y las tormentas, por los desengaños y las muertes de tantas doctrinas y seres que queríamos!».

Ordenados por orden alfabético, los ensayos nos dejan entrever a un Sabato joven, aún entusiasta de la ciencia, que intenta determinar su postura de muchas cosas ante el mundo, pero que también aprovecha para soltar cosas en un viaje hacia sí mismo. La física, la filosofía, las matemáticas, el pensamiento crítico, la razón, el sentido común, el realismo y el surrealismo, los dogmas y los enigmas son algunos de los tantos temas que el argentino desenmaraña y ante los cuales se define.
 
Un par de ensayos (quizá son 3 o 4 en vez de 2) son afines al socialismo e inclinan la balanza del autor hacia la izquierda. Pero también en el prólogo Sabato se adelanta, procurando que el lector no lo malentienda ahora.
 
«(…) en otros casos deberá tener en cuenta que los veintitrés años transcurridos han alterado muchas de las hipótesis o ilusiones que todavía allí se manifiestan. No imaginaba, por ejemplo, que también por la izquierda se podían llegar a cometer los crímenes que se cometieron en la tiranía estalinista y en la que todavía ahora la imitan; no tenían aún suficiente (y amarga) experiencia histórica para admitir que nada vale luchar por la justicia social si no es al propio tiempo una lucha por la libertad del ser humano y por la dignidad que le corresponde».

Me pasó algo muy curioso con los últimos 3 libros que leí. «Ideas y creencias» de Ortega y Gasset fue el inicio. En el prólogo para «La invención de Morel», de Bioy Casares, Borges recuerda un par de idas que planteara Ortega en su libro ya mencionado, sobre la novela y las características que debería tener esta. Luego, en Uno y el Universo», Sabato dedica casi todo un ensayo a Casares y su novela, para referirse a la aparición de ese invento que podría cambiar la experiencia de cómo vivimos en la eternidad.
 
«Uno y el Universo» constituye un arranque merecido para la carrera literaria de uno de los autores más importantes (y longevos) del siglo anterior y este. Por algo fue el segundo argentino (el primero fue Borges) en ser galardonado con el Premio Miguel de Cervantes. No hay una lectura de Sabato que no recomiende; entre sus líneas el lector siempre encontrará una razón para la introspección, para admirar lo científico y lo filosófico, para entender la responsabilidad de lo que se escribe y para, por supuesto, seguir leyéndolo.

Terminado de leer el 19/02/2021


Cuando leí «clave para un amor» supe que había encontrado en Bioy Casares una lectura recurrente. Pero fue «El sueño de los héroes» la novela suya por la que me declaré completamente aficionada a su escritura.

«La invención de Morel», publicada en 1940, es su novela más famosa. Es, además, reconocida como una de las más grandes obras de la literatura fantástica escritas en español. En el prólogo, del gran, respetado y aclamado —y de mis favoritos— Jorge Luis Borges, se le pone al mismo nivel de clásicos del género como «El hombre invisible», de H. G. Wells, «La vuelta de tuerca», de Henry James, «El proceso», de Kafka y «El viajero en la tierra», de Julien Green.

Borges termina de poner la cereza sobre el pastel para el lector escribiendo: «He discutido con su autor los pormenores de su trama, la he releído; no me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta». (p.15)

Nuestro protagonista y narrador en primera persona está en una isla desierta, a la cual llegó tras escapar de la cárcel, donde cumplía cadena perpetua. En este lugar se alzan construcciones abandonadas, alguna vez creadas con la intención de habitar la isla, idea desechada debido a una peste que azotó el lugar.

Repentinamente el sentimiento de soledad desaparece, y el fugitivo nota la presencia de otras personas. Empieza a observarles de cerca, evitando ser visto. Una curiosa mujer que asiste todas las tardes a lo alto de una colina le encanta y este se enamora.

Desde la extraña y poco entendible aparición de este grupo de «turistas» la obra del argentino empieza a sumirnos en una fantasía singular, que, tal como le pasa al mismo protagonista, nos hará pensar en distintas teorías que puedan —o no— dar respuesta al enigma presentado.

Morel, uno de los «visitantes», explica en qué consiste su invención, dilucidando toda tesis propuesta —tanto por nuestro solitario habitante como por nosotros mismos—. Es entonces cuando el protagonista de esta entretenida y motivante historia elabora su plan para alcanzar la «eternidad» en el amor.

No estaría bien contar más detalles, porque una obra de este calibre merece ser leída y el lector merece ser sorprendido, y porque mis reseñas pretenden siempre mantenerse lo más libre posibles de spoilers.

Lo que sí quiero destacar de la obra, para mis compatriotas, es que el fugitivo que narra la historia es venezolano. En investigaciones previas a esta redacción me encontré con el hecho de que Bioy Casares no viajó nunca a Venezuela (o al menos no hay registro de ello) ni tuvo en su entorno cercano relación con algún venezolano, pero decidió ofrecer esta nacionalidad a su personaje principal.

Así, pues, encontramos menciones repetidas de Venezuela y Caracas. Incluso, nuestro condenado a perpetua parece ser un preso político, capturado por la policía en su cuarto «de la pensión hedionda y rosada, en Oeste 11, frente a la Pastora». (p.82)

Yo, que los últimos 3 años vividos en Venezuela residí en Caracas y fui, de hecho, vecina del sector La Pastora, sentía un vuelco al corazón tras estas líneas.

El argentino no escatima en detalles y dedica una página entera a contarnos sobre el venezolano y su deseo de volver a «otra Venezuela», porque la dejada Patria era «los señores del gobierno, las milicias con uniforme de alquiler y mortal puntería, la persecución unánime en la autopista la Guayra, en los túneles, en la fábrica de papel de Maracay; sin embargo, te quiero, y desde mi disolución muchas veces te saludo». (p.153)

«La invención de Morel» es una novela fantástica, con una idea que no dudo haya puesto a temblar al mundo en 1940, que llena de espanto y angustia al lector en 2021 y que, para el venezolano, representa una felicidad fortuita e inesperada, al leer de la pluma de un argentino lugares familiares y sentimientos similares experimentados por el migrante presente en cualquier rincón del mundo.

Terminado de leer el 16/02/2021


León Tolstói es, indudablemente, el escritor ruso más famoso del mundo, con el perdón de Dostoyevski —a quien, de hecho he leído más y disfruto muchísimo—, que sé que ocupa el segundo lugar.
 
«La muerte de Iván Ilich» es mi primera novela de Tolstói, y me ha dejado un sabor muy agradable. Su tema principal es la muerta y a través de la experiencia de Iván Ilich, un hombre que padece una extraña enfermedad a la que los médicos no encuentran cura ni alivio, el autor nos acerca a lo que la muerte significa para el ser humano, el temor que lo invade ante la palabra y la idea de no existir más.
 
Lo que experimenta el protagonista llega a ser bastante agobiante, pero también le circunde una realidad innegable, la de aquellos que esperan la muerte del otro para librarse de verle padecer, aunque mientan al decir que solo quieren su «bienestar». ¿Se siente lástima por el enfermo o por uno mismo y en lo que uno se convierte al estar cerca del desahuciado?
 
La historia se basa en un hecho real. Iván Ilich Méchnikov fue un magistrado del tribunal de Tula que murió de cáncer abdominal en 1881. Un hermano de Ilich relató a Tolstói los padecimientos terribles que precedieron a su muerte. El relato impresionó lo suficiente al autor como para convertirlo en una novela.
 
Iván padece dolores inaguantables y es capaz de intuir la cercanía de la muerte. En ese proceso, se evalúa moralmente y hace un estudio minucioso de su vida, desde temprana edad hasta sus últimos años, concluyendo que ha tenido una vida mal vivida y que todo cuanto alcanzó, como juez, esposo y padre de familia, ha sido tan solo un espejismo.
 
Son los dolores, y el sentir que a los demás no les importa el sufrimiento que experimenta, lo que derrumba su espíritu, su ánimo y su, hasta cierto punto, deseo de permanecer vivo y buscar forma de abatir la enfermedad. Nuestro protagonista no consigue consuelo ni para su dolor ni para la soledad que vive.
 
Cuando finalmente se acerca la muerte, empieza a entender que es lo mejor, para él, para los demás. Hay una crítica social y también individual en el relato de Tolstói. ¿Se vive, acaso, la muerte? Se muere y esta no se vive. Pero ante la llegada innegable de la muerte, Ilich consigue la claridad que necesitaba, y aunque aún siente el dolor, sus últimos instantes se llenan de tranquilidad.
 
En este libro también incluyeron el cuento «Iván el tonto», de 1885. Un divino relato que me recordó tantas historias leídas de Voltaire y un cierre espectacular para la lectura.
 
Iván es un campesino «tonto» que vive del trabajo y cuyo principio de vida es trabajar para obtener lo necesario. Sus dos hermanos pretenden tener riquezas sin trabajar mucho, así que dejan la casa paterna para perseguir sus deseos de grandeza. Pero en una ocasión vuelven ambos para exigir «su parte» a lo que su padre responde que hará lo que Iván diga. Este dice que sí a la petición, mientras sigue trabajando la tierra y ayudando a sus padres y su hermana muda.
 
Incluso el diablo mete sus manos en el asunto, porque quiere ver a los hermanos peleando entre sí. Pero pese a todas sus tretas, en las que sí caen los dos mayores, Iván se mantiene firme y nada lo arrastra a la desgracia porque trabaja, sin importar las condiciones. Trabaja tanto que un día se convierte en zar —como sus hermanos— y llega a tener todo un reinado de «tontos» donde ni el oro tiene valor, porque sus ciudadanos viven y trabajan para comer y cubrir sus necesidades. Un reino sin ejércitos ni riquezas, sino con personas trabajadoras y felices que logran quebrantar el espíritu del diablo, quien pretendía explicarles que usando la cabeza en vez de las manos podrían vivir mejor, ya que «no era necesario trabajar para vivir bien».
 
Iván, el tonto, es un relato que calza a una sociedad acostumbrada a aprovecharse del otro, que desprecia el trabajo duro y que solo vive tras las riquezas, causa que muchas veces la conlleva a la desdicha, al darse cuenta de que no es posible tenerlo todo por más que se desee. En el reinado de los tontos en la mesa se sientan a comer aquellos cuyas manos son callosas, mientras que los otros comen de las sobras.

Terminado de leer el 15/02/2021
 


El filósofo y ensayista español, José Ortega y Gasset, escribe «Ideas y creencias» en la que, expertos y estudiosos, consideran su etapa madura. Esta serie de ensayos sobre racionalidad y la vida misma son una muestra del pensamiento del español y su convicción de separar y diferenciar lo que son las ideas y las creencias en la vida del hombre, y cómo cada una de estas puede o no influir en su actuar.


Las ideas son aquellas cosas que pensamos, y las creencias son eso que somos y que nos constituye como personas. Forman parte íntima y, según el filósofo, cuando son reales podríamos hasta morir por ellas. Ortega profundiza en la duda actual con la que vivimos las ideas y creencias, lo fácil que nos resulta cambiar de ideas (aunque no diga puntualmente que está mal) y lo que puede representar que no seamos capaces de defender firmemente nuestras creencias, cuando son tan importantes en la construcción de nuestro ser total.


«De las ideas-ocurrencias —y conste que incluyo en ellas las verdades más rigorosas de la ciencia— podemos decir que las producimos, las sostenemos, las discutimos, las propagamos, combatimos en su pro y hasta somos capaces de morir por ellas. Lo que no podemos es… vivir de ellas. Son obra nuestra y, por lo mismo, suponen ya nuestra vida, la cual se asienta en ideas-creencias que no producimos nosotros, que, en general, ni siquiera nos formulamos y que, claro está, no discutimos ni propagamos ni sostenemos. Con las creencias propiamente no hacemos nada, sino que simplemente estamos en ellas. Precisamente lo que no nos pasa jamás —si hablamos cuidadosamente— con nuestras ocurrencias. El lenguaje vulgar ha inventado certeramente la expresión “estar en la creencia”. En efecto, en la creencia se está, y la ocurrencia se tiene y sostiene. Pero la creencia es quien nos tiene y sostiene a nosotros».


El filósofo tiene muy presente, y lo demuestra en sus textos, que venimos al mundo siendo algo y hemos crecido para ser eso. Pero cuando no se nos da ser eso que originalmente venimos a ser, vivimos frustrados y atrapados dentro del ser que tuvimos que ser.


«Somos el que somos indeleblemente y solo podemos ser ese único personaje que somos. Si el mundo en torno —incluyendo nuestro cuerpo y nuestra alma—no nos permite realizarlo en la existencia, tanto peor para nosotros. Pero es vano pretender modificar ese que somos. Si en vez de ser nuestro auténtico yo fuese solo algo nuestro —como el traje, el cuerpo, el talento, la memoria, la voluntad—, podremos intentar corregirlo, cambiarlo, prescindir de él, sustituirlo. Pero ahí está, es nuestro ser mismo, es el que, queramos o no, tenemos que ser. Se dirá que entonces nuestra vida tiene una condición trágica, puesto que, a lo mejor, no podemos en ella ser el que inexorablemente somos».


La lectura de José Ortega y Gasset constituye una introspección a la vez que autoconstruye una relación con lo que somos. Resultará imposible para el lector no preguntarse qué cosas cree y cuáles son solo ideas, pero sobre todo si realmente siente que ha logrado ser lo que es o vive bajo la desdicha de ser pero no su ser real.


Terminado de leer el 08/02/2021

Druk (título en danés) o Another round (en inglés) es una película dirigida por el danés Thomas Vinterberg —cofundador de Dogma 95 junto a Lars Von Trier—, estrenada en 2020 y protagonizada por Mads Mikkelsen.

 

Vinterbeg también dirigió The Hunt (2012, primera actuación de Mikkelsen con el danés), Far from the Madding Crowd (2015), un drama romántico divino protagonizado por una de mis preferidas, Carey Mulligan, y Kursk (2018), un drama naval que sigue un desastre submarino y toda la negligencia gubernamental detrás del accidente, protagonizado por el inigualable Colin Firth. Claro, vimos Druk ignorando todo el pasado cinematográfico de su director, cosa que muchas veces termina siendo lo mejor, ya que no te alienas ni predispones.

 

La producción más reciente de Thomas Vinterber es una comedia fresca y soberanamente divertida, con algunos picos dramáticos que no te dejarán perder la concentración. A diferencia de películas anteriores, en Durk el director muestra un lado más empático y humanista.

 

Tal como su compatriota (me refiero a Von Trier), Vinterberg es especialista en sacar el lado más sombrío de las personas y de cualquier fachada. Pero Druk empieza de forma muy distinta, como una comedia fresca que vaticina muchas risas y descontrol.

 

4 amigos, profesores todos del mismo colegio, empiezan un experimento, siguiendo la teoría de un filósofo que asegura que los seres humanos nacemos con una deficiencia de alcohol en la sangre, por lo que una ingesta leve de alcohol diario podría ayudarnos a llevar la vida de una mejor manera. Así, estos viejos amigos empiezan a tomar y, de repente, se ven más felices, más naturales, más sueltos en su diarismo. Y nos reímos, porque nos divierte, pero cuando dicha ingesta empieza a tornarse severa y a tomar un matiz de alcoholismo la risa disminuye. Los problemas de sus protagonistas en su vida nos dan directo a la cara, nos preocupan y agobian.


El alcoholismo afecta a millones de personas en el mundo, pero en los países nórdicos de Europa alcanza niveles preocupantes, y es justo ese fenómeno social el que Vinterber ataca en su film, eso sí, sin muchas explicaciones ni estadísticas, simplemente contando la historia de un grupo de amigos poco parecidos entre sí, con diferentes problemas y distintas formas de vida, con mucho humor negro y un guión que puede ser bastante potente de a ratos.

 

También hay una crisis masculina que debe ser sobrellevada durante todo el experimento, una vulnerabilidad y unos miedos que el alcohol saca a relucir. El planteamiento más razonable que hace el director con Durk es ¿realmente necesitamos ingerir alcohol para divertirnos? ¿Por qué siempre que la pasamos bien recordamos haber tomado? Pareciera que vivimos necesitando estimulantes para disfrutar o para simplemente afrontar la vida.

 

La película tiene un cierre magnífico, con un Mads Mikkelsen bailando ante las circunstancias positivas que brotan tras el dolor y la desdicha. Personifica el arcoíris después de la lluvia.


 


Periodista, escritor, pionero en el género de no ficción, investigador incansable; el argentino Rodolfo Walsh desveló lo que ninguna investigación policial iba a desvelar en el caso de los fusilados —y sus sobrevivientes— del 10 de junio de 1956 en José León Suárez, durante el levantamiento militar contra la «Revolución Libertadora» que destituyó en 1955 a Juan Domingo Perón.

 

Los partidos políticos no son lo mío. Y no me apunto con la izquierda ni con la derecha; lo que me revuelve el estómago son las injusticias, los sinsentidos que le arrebatan la vida a inocentes, que dejan niños huérfanos y familias rotas; justamente lo que relata Walsh en «Operación Masacre».

 

Durante el levantamiento militar del 9 de junio de 1956 contra la dictadura cívico militar instaurada por Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu, miembros de la Policía de Buenos Aires detuvieron a un grupo de 12 personas, aproximadamente, de un departamento donde se suponía estaba uno de los militares disidentes.

 

Pero en el departamento no había ningún militar. Todos los presentes fueron arrestados. Ya siendo 10 de junio se decretó la Ley Marcial, detrás de la cual se ampararían quienes ejecutaron el fusilamiento contra los detenidos (ninguno militar ni con ninguna conexión demostrable con el levantamiento ocurrido esa noche). Pero entre los fusilados hubo sobrevivientes y lo que Walsh cuenta es su historia, su testimonio. En este libro se recopila la investigación que el periodista argentino hiciera sobre los hechos, logrando entrevistar a muchos de los sobrevivientes —cosa que ni siquiera durante el juicio se logró—, aportando datos claves para el esclarecimiento del episodio.

 

Sin embargo, la justicia no siempre llega, aunque todas las fichas que determinan la culpabilidad de alguien estén puestas sobre la mesa. Pero la investigación de Walsh merece todos los encomios posibles, porque dejan en descubierto el actuar vil de aquellos movidos por el odio y lo peligroso que resulta el irrespeto hacia una opinión distinta.

 

Este relato está, como tantos otros, para que jamás olvidemos el pasado que no puede repetirse. Porque mientras en Europa Hitler asesinaba sistemáticamente a personas dentro de cámaras de gas o campos de concentración, en América Latina tuvimos dictaduras militares que se encargaron de asesinar, torturar y desaparecer para siempre a miles de personas, arrebatadas de sus hogares, de sus lugares de trabajo, de la calle.

 

Así mismo fue el final de Rodolfo Walsh. El 25 de marzo de 1977, un día después del primer aniversario de la instalación de la dictadura en Argentina, estaba en la calle, echando en buzones de Buenos Aires copias de la «Carta abierta de un escritor a la Junta Militar» —adjunta en este libro, por cierto—, y mientras se dirigía a una cita con un compañero de la Organización (torturado en la ESMA, como tantos otros) fue emboscado y acribillado a balazos por un «grupo de tareas», que se llevó su cuerpo y lo secuestró, pasando así a integrar para siempre la lista de desaparecidos por el Terrorismo de Estado en Argentina.

 

Un libro que me habría encantado leer durante mi carrera, que reivindica de principio a fin al periodismo y que me hace confirmar que la investigación es la única forma de ayudar a esclarecer los hechos que los agresores quieren enterrar.


Terminado de leer el 22/01/2021


Pierre François Lacenaire fue un asesino francés ejecutado en la guillotina a los 32 años. También fue poeta.


Nació en la ciudad de Lyon, y gracias a su libro «Memorias de un asesino» sabemos que lo hizo en el seno de una familia numerosa, con un padre mercader y una madre que solo quería un hijo, aunque terminó teniendo 6.


Botado de distintos colegios, rechazado por sus padres, con un pensamiento formado muy distinto al de su familia, en sus memorias Lacenaire parece excusarse continuamente por el fin trágico que tuvo. Y es que, desde su perspectiva, fue la sociedad la que le dio la espalda desde que nació. Fue el clásico criminal romántico burgués.


No es analfabeta, no nació pobre, no se le negaron los estudios; sin embargo, termina robando, estafando y asesinando. Lo que le conlleva a delinquir es la posibilidad de hacerlo, nada más.


Hay sentimientos que impulsan a los asesinos. En el caso de Lacenaire fue la venganza, que fue acrecentándose en él desde temprana edad. Al verse privado del amor de su madre, alejado del regazo de su padre y simplemente estimado por sus hermanos, se convence de que está solo y que no debe necesitar nunca a nadie. Al intentar conseguir trabajo, las cosas no le salen precisamente bien; un par de malas juntas y voilà, el daño está hecho. El ilustre da rienda suelta a sus deseos de venganza y se asegura de culparlos a todos, menos a sí mismo, por ello.


Pero nuestro autor y protagonista no siente rencor hacia sus padres, especialmente perdona a su madre, de quien asegura no haber conocido «a una mujer más sinceramente devota sin batería, ni más profundamente virtuosa sin mojigatería, ni más sensible a las penas de los otros, ni más indulgente con sus defectos, ni más resignada en sus propios sufrimientos».


Más allá de la especie de justificación que Lacenaire planea dar, el libro sirve para entender las circunstancias que lograron convertir a un niño inocente en un adulto que termina asesinando a otras personas. Y básicamente comprendemos que el principal aliciente de su desgracia es la falta de amor que experimentó en los primeros años de su vida, los más importantes para determinar la formación de cualquier individuo.


«Vengo a predicar al rico la religión del miedo, ya que la religión del amor no tiene ningún poder en su corazón».


Lacenaire es, en conclusión, un inadaptado. Ni en su familia, ni en su trabajo, ni en el amor logra adaptarse. Lo botan de su trabajo por sospecha de robo, deserta del ejército, mantiene una relación amorosa con una mujer mucho mayor que él, casada. Es esa incapacidad de llevar una vida «normal» la que lo terminan convirtiendo en ladrón y asesino. Desprecia a la sociedad y a los hombres, los responsabiliza por no darle las herramientas necesarias para sobrevivir. Asegura necesitar solo una oportunidad para redimirse y demostrar que puede ganarse su sustento, pero se queda sentado esperando que alguien toque a su puerta y le dé la oportunidad que cree merecer.

 

«Ese hermoso día, ese día de libertad como lo llaman, no tuvo para mí ninguna alegría ni ningún placer, inseguro como estaba acerca de mi futuro: ¿Me vería obligado a continuar mi lucha contra la sociedad, o me convertiría en un miembro útil?».


Entre el momento de su reclusión e inicio de sus memorias hasta el día de su ejecución, Lacenaire pasa de la calma y la «rendición de cuentas» a la desesperación, que lo priva del sueño, lo hace alucinar y hasta perder el hilo conductor de sus líneas.


Una obra que sirve para entender lo que puede causar la falta de amor en la vida de una persona, pero también para aprender que no de todo se puede culpar a los demás. Me quedo con la imagen de un hombre a quien le resultó más fácil despreciar a la sociedad que trabajar por ser parte de ella; que quería que le regalaran un futuro en vez de construírselo como tantos otros; un inadaptado que escoge el camino de la cobardía; un individuo que decide ser villano para poder culpar a la sociedad de su infortunio, pero con algún delirio de grandeza que busca sensibilizar a algunos sectores de la sociedad que realmente lo necesitan.

 

«En lugar de levantar al pobre contra el rico, que mi último escrito pueda comprometer al rico a auxiliar a los desdichados».


Terminado de leer el 18/01/2021 


Daniel Viglietti fue un cantante y guitarrista uruguayo, considerado uno de los más grandes exponentes del canto popular de su país. Benedetti no necesita presentación. «A dos voces» es un libro de poemas musicalizados o un disco musical en el que cantan poemas.

 

Todos los textos de Viglietti son canciones. Los de Benedetti, leídos con música que le acompaña.

 

Leí este libro sin antes escuchar el recital, y ciertamente Daniel es un poeta que no puede escribir sin cantar. La musicalización de sus textos es fácil de imaginar y sus letras son un grito popular.

 

Los poemas de Mario son sublimes y necesarios, son esa invitación a mirarnos hacia adentro, para encontrarnos con el recuerdo de nuestras más grandes añoranzas y rozar los más íntimos sentimientos que guardamos por otros o por nosotros mismos —como todo lo que escribió.

 

«Soy mi huésped

a qué negarlo

pero

a veces también soy

un extraño de mí

 

cuando mi rústico anfitrión

me mira

siento que estoy

de más

y me escabullo»

[Soy mi huésped] Benedetti.

 

Desde 1985, por dos décadas, Benedetti y Viglietti viajaron por todo el mundo, recitando su concierto de poemas. Y afortunadamente el recital está disponible en Youtube. Les comparto este, del 2002...




Terminado de leer el 12/01/2021



Publicada en 1960, Matar un ruiseñor (To Kill a Mockingbird) fue la primera novela de la escritora estadounidense Harper Lee.

 

Ambientada en el ficticio pueblo de Maycomb, en Alabama, durante los años de la Gran Depresión, narra la vida de la familia Finch, conformada por Atticus (padre, viudo y abogado) y sus hijos Jem, de 11 años, y Jean Louise, de 6.

 

La novela es narrada por Scout (apodo de Jean Louis), como parte de sus remembranzas. En la primera parte del libro seguimos las aventuras de los hermanos, que asisten a la escuela por mera formalidad, ya que la educación dada por su padre supera con creces la enseñanza de sus profesores.

 

Veranos calurosos que son aprovechados hasta el último rayo de sol, travesuras, peleas y nuevos descubrimientos dan vida a esta historia. La casa vecina está llena de misterio para los niños y es parte principal de su día a día. Saben que hay alguien que vive ahí a quien nunca han visto, y por esa razón tejen juntos distintas teorías acerca de aquel personaje desconocido, todas ellas terroríficas y monstruosas.

 

En una segunda parte, la autora nos presenta con mayor ahínco la temática principal de su novela: la segregación racial. Al abogado y padre de los niños se le asigna la defensa de Tom Robinson, un afroamericano acusado de haber violado a una mujer blanca. En este contexto, el pueblo empieza a poner en tela de juicio la «moral» de Atticus, llamándolo «ama-negros», y la situación recae también sobre Jem y Scout, quienes empiezan a ser objeto de ofensas y burlas por parte de algunos vecinos.

 

 —Llorar por el infierno puro y simple en que unas personas hunden a otras… sin detenerse a pensar tan solo. Llorar por el infierno en que los hombres blancos hunden a los de color, sin pensar que también son personas.

 

Pero su padre, acostumbrado a enseñarles entereza, paciencia y respeto, les obliga a soportar cualquier cosa que pudiesen decirles en nombre de la verdad. No es difícil adivinar cómo termina el juicio, lo que sí es complicado es poder digerir y leer sin indignación las injusticias y arbitrariedades de las que han sido víctima las personas de color, principalmente en el sur de los Estados Unidos.

 

En la historia transcurren entre 2 y 3 años, durante los cuales los niños van madurando y entendiendo un poco más a su padre y su actuar, principalmente Jem, el mayor. Además, una vecina le hace entender a Scout que su padre es mucho más de lo que ella imagina, que pese a lo que la gente piense o diga, el abogado es una de las personas más honorables que jamás se han visto en el pueblo.

 

Muchas veces las personas te harán sentir que estás equivocado, aunque estés del lado correcto, y una charla entre Scout y su padre lo explica a la perfección:


—Mira, parece que muchos creen que tienen razón ellos y que tú te equivocas…

—Tienen derecho a creerlo, ciertamente, y tienen derecho a que se respeten en absoluto sus opiniones —contestó Atticus—, pero antes de poder vivir con otras personas tengo que vivir conmigo mismo. La única cosa que no se rige por la regla de la mayoría es la conciencia de uno.

 

Hay muchos otros temas que esta novela toca, magistralmente siempre. Aunque la segregación racial sea la principal, también Lee retrata los roles de género a través de Scout, una niña que desea vivir su infancia al máximo, corriendo, jugando, peleando, disfrutando, pero que su tía y otros quieren que se comporte como una «damita», que use vestidos y se vaya convirtiendo en mujer, haciendo las cosas «propias del género», que no piense demasiado, que no refute ni conteste.

 

También hay otro tema primordial, y el segundo más importante para esta lectora: el fin de la inocencia. Tanto en su desarrollo como en su final, esta novela nos muestra cómo Jem y su hermana pasan de encontrar diversión en corretear y conspirar sobre Boo Radley (el vecino que jamás han visto) a entender cosas como la desigualdad, la injusticia, el peligro y la muerte.

 

El ruiseñor simboliza justamente esa inocencia —y ausencia de—. Pero no son solo los hijos de Atticus los inocentes que se pierden, también lo son casi todos sus protagonistas, que en un momento u otro enfrenten derrotas y tragedias.

 

Aunque Atticus haya sido señalado, aunque sus hijos sientan que las cosas jamás van a cambiar para ser más justas, Miss Maudie (la vecina inteligente) le explica a la tía Alexandra (hermana de Atticus, extrema defensora de los apellidos, el orgullo familiar y las costumbres) la importancia de lo que hizo el abogado, sin importar el resultado obtenido:


 —(…) ¿No lo has considerado de otro modo, Alexandra? Tanto si Maycomb se da cuenta como si no, estamos rindiendo a Atticus el tributo más grande que podemos rendir a un hombre. Ponemos en él la confianza de que obrará rectamente. Es así, tan sencillo.

 —¿Quién? —tía Alexandra no sabía que se convertía en un eco de su sobrino de once años.

 —El puñado de personas de esta ciudad que dicen que el obrar con equidad no lleva la etiqueta de Blancos Exclusivamente; el puñado de personas que dicen que todo el mundo, y no solo nosotros, tiene derecho a ser juzgado imparcialmente; el puñado de personas con humildad suficiente para pensar, cuando mira a un negro: «De no ser por la bondad de Dios, ese sería yo». —Miss Maudie volvía a recobrar su antiguo aire tajante—: El puñado de personas de esta ciudad que tienen abolengo, estos son quienes. 

 

El ejemplo de Atticus es suficiente para que sus hijos entiendan y puedan diferenciar el bien del mal. Es suficiente para que sepan que lo que nos caracteriza mayormente es nuestra condición humana, la empatía y la bondad, y que jamás debemos ser movidos por el miedo y sí por la necesidad de hacer lo correcto.

 

Atticus tenía razón. Una vez nos dijo que uno no conoce de verdad a un hombre hasta que se pone en su pellejo y se mueve como si fuera él. El estar de pie, simplemente, en el porche de los Radley fue suficiente para mí.

 

Terminado de leer el 11/01/2021 

Luciérnagas (2020) es el primer poemario de la escritora venezolana Andrea López. El libro está dividido en tres etapas: Euforia — Olvido — Maldición.


En todas sus partes la pluma de López nos lleva a lugares llenos de magia y misterio, pero también de un profundo desasosiego. Un sentimiento de angustia va creciendo conforme se avanza en la lectura.


Entre poema y poema las ensoñaciones y los recuerdos se asoman como faros en un mar amplísimo y presenciamos un amor lleno de pasiones temerosas con una dependencia que buscar terminarse.


El amor que describe Andrea López en su poemario es difícil de explicar, pero un texto de Euforia nos da una idea bastante clara de su pensamiento:


Amar es la fricción

entre el alma

 

y la violencia.

[Epitafio]


Ya en su última parte, Luciérnagas se adentra en su protagonista, en sus emociones y deseos, en sus miedos y alucinaciones. Hay pasajes sobre objetos olvidados que a muchos nos recordarán momentos de la infancia, algunos felices, otros quizá no tanto. Y los sonidos de campanas, el viento y uno que otro grito suelto llevan al lector a lugares muy dentro de sí.


Ni el abismo más profundo

podría
ocultar

la criatura
que me persigue

[Ataque de pánico]


Como bien dice la descripción de su obra, «Luciérnagas es la manifestación de la sombra, la ausencia, la nostalgia que te abraza y se aferra». Y agregaría que te induce a un viaje interno que no olvidarás fácilmente.  


Terminado de leer el 06/01/2020