Lo importante no es llegar, lo importante es el camino

Perfil de Fito Páez

Alcanzó una prestigiosa carrera, haciéndose merecedor de un puesto junto a los grandes del rock en su país, Argentina. Desde muy niño, su madre tocaba piezas clásicas, y Fito, con tan sólo 8 meses de nacido, comenzaba a familiarizarse con lo que, años después, pasaría a ser su mayor pasión, la música. 

Con su primer piano, alemán, un August Foster de pared ―cuya maquinaria no aguantaba mucho más, y que la tía Charito se lo quitaría por ser un recordatorio de la fallecida madre de Fito―, comenzaron las andanzas musicales del joven rosarino. El viejo piano pasaría a ser, en la vida de Rodolfo, un gran apoyo, y su amigo en la soledad.

En la década de los 80
Fito Páez, Charly García
En 1982, su debut discográfico «Tiempos difíciles» sacudió a una sociedad estremecida por la guerra de las Malvinas. Un año después comienza un crecimiento significativo en su carrera musical. Fito Páez coincide con algunos músicos importantes en la movida del rock argentino, entre ellos Juan Carlos Baglietto, Tweety González, Andrés Calamaro y Luis Alberto Spinetta, quienes ayudaron en la formación musical del joven rosarino. Logró, además, la oportunidad de ser observado por quien era uno de sus máximos ídolos, Charly García, quien se fijaría en él y un tiempo después lo convocaría para hacer el álbum «Modern Clix» (Clics Modernos). Este acercamiento lograría marcar significativamente la evolución musical de Fito, él mismo comentó «…Ahí aprendí casi todo lo que sé ahora, viendo cómo grababa y ensayaba él ―Charly― para sus discos».

La oportunidad de tocar junto a Charly sirvió para catapultar al músico y darle un impulso notorio para un año más tarde (1984), y así totalizar lo que sería su primer disco como solista «Del ‘63». Liliana herrero, cantante argentina y amiga de Fito, recoge un poco de lo que fue el impacto de las melodías resultantes, producto de la amalgama de ritmos como el rock, jazz, tango y folklore, y de letras que nunca cerraron los ojos al paisaje de la realidad. «Yo tuve la certeza que la música y la poesía de Fito eran de una altísima calidad cuando hizo su primer disco, Del ’63. Fue un disco maravilloso.»

En 1985, Fito registró su segundo disco solista titulado «Giros». Con este álbum se consagró como intérprete y compositor, especialmente en canciones como «11 y 6» ―mencionar dicha canción trae gratos recuerdos al profesor universitario y pianista, Franklin Pire, quien no pudo resistirse y cantó parte de la melodía, a la vez asegura que Fito «es un improvisador y un artista magnífico, es sin lugar a dudas uno de los más importantes músicos de esta época»―. «Cable a tierra» y «Yo vengo a ofrecer mi corazón» son otros dos temas que sobresalen en la producción.

En 1986, Páez grabó un maxi-single titulado «Corazón clandestino» con tres temas, incluyendo «La rumba del piano» junto al gran compositor brasileño, Caetano Veloso, quien luego versionó otros temas como «Un vestido y un amor», colaborando también en la edición portuguesa de «Circo Beat». Luego se unió con otro de los grandes de la música nacional: Luis Alberto Spinetta. Juntos trabajaron en un proyecto musical que vio la luz en forma de un álbum doble titulado «La, La, La».

Imaginario popular rosarino
Desde muy joven logró cautivar a todas las personas que lo rodeaban, contaba con una gran facilidad y crudeza para escribir sus temas, obteniendo el reconocimiento de sus compañeros en las primeras bandas en las que incursionó. Juan Carlos Baglietto, cantautor argentino y compañero de banda de Fito, hace hincapié en un tema del músico «…me impresiona mucho una canción, Puñal tras puñal, porque es muy dramática. La escribió cuando tenia 17 años, él (Fito) logra generar una poesía y una música tras esa poesía, absolutamente adulta, absolutamente madura y maravillosa».

Era así, tan profundo desde muy joven, utilizando su imaginario, sus calles de rosario, con gran facilidad para convertir las vivencias en letras, y narrar con un fondo de piano las historias cotidianas que cualquier persona podría vivir. Claudia Puyo, amiga cercana del cantante, deja al descubierto, con sus palabras, la conexión directa que existe entre las canciones de Fito y la similitud con la vida de cualquiera que las escuche «Creo que todos tenemos ya una canción de Fito dentro de nuestro corazón, parece que nos describiera a nosotros o algo que nos paso a nosotros».

Al principio era, Rodolfo Páez Ávalos
Fito nace en la ciudad argentina de Rosario, el miércoles 13 de marzo de 1963, rodeado de músicos clásicos cuyos  sonidos  adornaban el interior de la vieja casa familiar donde vivía con sus padres. Hijo único de Margarita Zulema Ávalos (pianista concertista, profesora de aritmética y álgebra) y de Rodolfo Páez (empleado de Correos) creció rodeado por el clásico sonido de  Brahms y Liszt quienes se comunicaban e igualmente iban cultivando  a través de un piano de pared colocado en el living de la casa, el enorme talento musical del joven Rodolfo.

Pasaron ocho meses y su madre, con sólo 33 años, murió tras padecer un cáncer de hígado, por lo que su crianza quedó en manos de su padre, de su abuela paterna, Delia Zulema Ramírez, viuda de Páez ―a quien Rodolfito bautizaría como Belia y de su tía abuela, Josefa Páez. A los 14 años comenzó a tomar clases de piano en el Instituto Scarafía, ubicado frente a su casa, aunque ya sabía tocar desde pequeño. Tenía un método de estudio muy particular: memoria y oído. No leía partituras, aunque su profesor siempre pensó lo contrario.

Cuando terminaba la clase volvía presuroso a su casa para practicar la última lección aprendida. Su breve aprendizaje musical de casi un año, se completó con las clases particulares que dictaba la señora Aida Bertonati de Bustos, en su domicilio. Después de estar introducido unos años en el folclore, comenzó a desarrollar la música que más le interesaba. Llegó el rock, la influencia de Los Beatles, Deep Purple, Arco Iris (banda), Charly García, Luis Alberto Spinetta, Litto Nebbia, entre otros.

La ciudad de pobres corazones
En la vieja casona familiar, ubicada en Balcácer 681 (Rosario), muere su padre y, poco tiempo después, se genera el detonante para la creación del disco más oscuro y doloroso creado por el músico. «Ojalá nunca hubiera tenido que grabar este disco, ya que es el resultado de la ciudad de pobres corazones que fueron asesinados», comenta Fito.

El  7 de noviembre de 1986, los hermanos Di Giusti cometen un brutal crimen, quitándole la vida a «Belia» Delia Zulema Ramírez, de 76 años (abuela paterna de Fito Páez) y Josefa Páez, de 80 años (su tía abuela paterna). Se cree que los hermanos Di Giusti —de 24 años de edad por aquel entonces— conocían y frecuentaban la casa de los Páez. Rubén Goldin, compañero y amigo del músico, sufrió el horrible suceso que marcaría un antes y un después en la vida de Fito «Yo iba a la casa de Fito en aquella época, viajábamos a Buenos Aires y me decían “cuídenmelo”, porque yo era el más grande, y yo les decía “¿y a mí quién me cuida?” y bueno, la tía y la abuela eran dos viejas divinas».

No eran fáciles momentos en la vida de Fito, comienzan a rondar las posibilidades de salir de su natal Rosario. Tratando de dejar el asunto de los asesinatos a un lado, se va a Taití,  donde comienzan a madurar ideas, dando como resultado «Ciudad de pobres corazones». Fito reproduce el clímax vivido en medio de aquel barrio tahitiano, y partiendo de lo sucedido, le da ese aire de rabia y asecho a toda el material grabado en ese disco, «Salimos a tomar unos tragos la primera noche que llegamos a Taití, de repente comenzamos a ver a nuestro alrededor muchos ojos, muchas esferas brillando, estábamos en medio de una jauría de perros, no sabíamos cómo salir».


Ya son 30 años
Fito Páez, con el paso de los años, ha logrado lo que quizás pocos músicos contemporáneos han logrado en su carrera, colocó su nombre en lo alto del rock y forma parte del imaginario, no sólo argentino, si no en toda Sudamérica, centro América y parte de Europa. A pesar de una carrera de altos y bajos, Rodolfito, como la tía Belia solía llamarlo, desarrolló una larga y exitosa carrera en un principio como cantante, luego logró debutar como cineasta con la creación de dos películas, «Vidas privadas», 2001 y «¿De quién es el portaligas?», 2006. A pesar de no lograr grandes taquillas ni agradar a los críticos, le permitieron cumplir a Fito un sueño de niño, hacer cine.

El largo camino y la maleta de recuerdos del argentino están llena de grandes distinciones: dos Grammy Latino como mejor artista y mejor canción de Rock por «Al lado del camino»; la Antorcha de Plata, Antorcha de Oro y Gaviota de Plata, que son los mayores premios que se entregan en Viña del mar. Además, logro ser el primer músico no cubano en tocar en la Plaza de la Revolución (en La Habana), abrió las puertas a otros músicos en su país al ser el primer intérprete de rock latinoamericano en realizar un concierto en el prestigioso Teatro Colón, de Buenos Aires.

De Rosario, la barriada, de los tangos y las Bossas, Rodolfo «Fito» Páez alcanzó un equilibrio que generó una amalgama entre música clásica y el rock irreverente, donde se plasman recuerdos de la casa de la calle Balcarce 861. La atmósfera creada en el living de su casa, el sonido del piano tocado por su madre, los disco de música de su padre ―de quien heredó el gusto por la Bossa Nova―, la suerte de codearse con grandes músicos argentinos y hasta la desgracia que rodeo su vida, fueron desgreñando y despertando el monstruo musical de uno de los músicos más grandes de las ultimas décadas, Fito Páez.


Autor: José Ángel Núñez
Editora: Alexandra Perdomo