Room, con un corazón latente en el centro de la habitación


Room (2015) es uno de esos magníficos ejemplos donde el bajo presupuesto nos hace felices. Esta película respira por sí sola, y respira con fuerzas. Es la primera vez que escucho de Lenny Abrahamson, y merece todo el respeto. El film tiene demasiada fuerza, como para siquiera querer parpadear entre escenas. No hay nada para perderse. Este grupo de gente supo llevar muy bien el drama de la película, nada desmesurado, cada punto álgido dentro del drama es necesario, bien llevado y reconocido.

Ma (Brie Larson) demuestra valentía y entusiasmo, sin dejar de ser una joven de 24 años que ha estado cautiva por 7 años. Reacciona como uno se puede imaginar que reaccionaría alguien que haya pasado por esas circunstancias, llora a ratos, porque quién no lo haría, pero no desfallece en su intento por volver al mundo. La actuación de Brie Larson es intocable.

Por su parte, Jack (Jacob Tremblay) es un niño curioso, inteligente, creativo pero sobre todo devoto a su madre, quien es para él lo único que tiene y la habitación su universo. La historia es contada a través de él, y tiene el poder de hacernos recapacitar en lo agradecidos que deberíamos estar con la vida y el mundo en el que vivimos, a pesar de todo. La majestuosidad del mundo exterior se ve muy bien retratada en la nueva experiencia que atraviesa el niño al salir de la habitación. La evolución de su comportamiento y su adaptación a este nuevo “universo” que trasciende lo anterior, nos encariña infinitamente con el personaje. Espero que Jacob Tremblay sea alguien a quien nos acostumbremos en el cine.

Todas las maravillas por las que atraviesa Jack en este film logran maravillarnos a nosotros, por más ordinarias que sean en realidad. Room tiene un corazón enorme, actuaciones de oro y emociones desbordantes.

10/10