En ti reside la vida; en tu ausencia no hay esperanzas albergadas

En ti reside la vida; en tu ausencia no hay esperanzas albergadas. Aférrate en la cumbre de las colinas. No te dejes consumir en el caos de las ciudades que fabrican con máquinas y venden. Refúgiate en el vuelo de los cantores y no te detengas por súplicas, porque muchos han perdido su corazón entre el ruido y la contaminación. 

Anídate a los sueños grandes, olvídate de los pequeños, porque son codiciosos y egoístas, además son falsos. Duplica tu existencia en la frondosidad de la muerte, aprovecha que ya no todo respira. Vive sin pensar en el tiempo, porque la eternidad viene de ti, que existes hasta siempre.

Sigue recordando las olas, quienes deben a ti su nacimiento. Asalta todas las auroras y no dejes descanso al alba, ya que no duermes y estás por doquier, hasta donde no quieres -porque no te aprecian-. 

Aunque el hombre te contamine con su descuido, no te rindas. Ayuda a quienes siguen buscando sentir con el rostro tu soplo de libertad. 

Ávila - Paisaje de Caracas, de Juan Carlos Gayoso