Sumas hoy 36

36 estaciones que has recorrido
desde que saliste del vientre de tu madre,
más maravillosa desde ti.
Suma 36 años la Tierra,
sosteniendo tu andar
y abriendo caminos seguros para ti.
Son más de 36 tus buenos actos para con los otros,
tu bondad y disposición incondicional.

A Dios gracias por ti, porque respiras, cantas y vives.
                               Porque te vivo.

Tienes ojos que saltan, tanto como tu espíritu ante la necesidad del prójimo;
una sonrisa que complace, comparte y que se alimenta de más alegría;
unas manos que trabajan, tocan e invitan al aguante;
una espalda valiente, que se mide contra el mundo, y no tambalea;
un corazón firme y decidido, dado a la humildad de lo claroscuro.

Has visto cómo otras cosas nacen de ti,
                               y son buenas, similares.
Han pasado muchas cosas ante tus ojos,
las has sabido mirar, entrándote en lo que regocija.

36 años han bastado para muchos amores,
para intentarlo varias veces,
para fallar...
                               llegar a lo esperado.

Los frutos de la vid han brotado sobre tus hombros,
la dulzura del placer está fijada en tu semblante,
los matices se adecuan al ánimo de tu andar.

La vida termina escapándose en el tratado,
mas permite la extensión de la palabra.
                               Tu palabra se ha hecho eco en la razón.
La sabiduría de tus manos habla de ti,
de la actitud ante lo adverso.

Tu voz tiene el peso de los años,
                               de 36 años.
Existes en lo inminente, en lo seguro y propenso,
en la claridad de lo ajeno.

Posees la honestidad de lo santo,
la calma de lo entrenado,
la paz de lo sufrido,
la espera de lo aprendido para siempre.

Bendito tu deambular,
tu rotunda mirada al presente,
los ojos que hacen expansiva la vida.

Maravillosa tu lengua, que proclama lo propio,
lo del ser, del vivir y del estar.
Tus brazos que desarman el armamento de lo añejo.
                               Todo se rinde.

36 años que he agradecido por ti, aún antes de llegar.
El primero juntos...
                               de los eternos.

A Dios gracias por ti, porque corres, miras y vuelves.
                               Porque te amo.

A Gianny Gerónimo Rodríguez Delgadillo