El nombre del viento, de Patrick Rothfuss


Anoche, tras una sesión extendida y emocionada de lectura, terminé El nombre del viento (2007), de Patrick Rothfuss. Este es el 4to libro de mi “Propósito literario 2018” que retomé en agosto, tras la merecida pausa que me tomé después de Los Miserables.


La recomendación fue de Andrea y, como suele pasar con las cosas que ella me recomienda, acertó. El libro me atrapó desde la primera página hasta la última línea. No suelo maravillarme ante las fantasías, pero con este libro pasa algo distinto. Lo que más me gustó es la construcción y desarrollo de su protagonista, que, aun sufriendo mucho, no solo logra seguir andando, sino que logra encontrar personas que le aprecien por quien es.

Si bien difieren en cuanto al heroísmo, Kvothe (el protagonista de esta novela) me recordó, por su melancolía, pesar, dolor, angustia y esa destacada cualidad de no dejar de caminar a pesar de todas las piedras en el camino, aunque no sepan bien por qué seguir, a los protagonistas de Murakami. Sentía la misma oscuridad, pero a la vez la misma ternura y compasión.

No creo haberlo leído tan rápido como se merecía, porque lo cierto es que la historia atrapa. Solo que mi viaje en autobús se acortó considerablemente (aprovechaba mucho el trayecto para leer) y otras obligaciones no me dejaban dedicarle el tiempo que quería.

El autor despliega sus habilidades de forma maestra con idiomas, culturas, costumbres y tradiciones creadas para la obra. Siempre he pensado que alguien que es capaz de elaborar esa serie de elementos para una novela tiene una creatividad no solo admirable sino eterna.

Lo único malo de todo esto es que el libro tiene una segunda parte. Quedé en la que consideraba la cresta de la ola y ahora no sé cómo sigue la historia de Kvothe... Y si quiero cumplir mi propósito literario (que dudo pueda terminar antes del fin de año) tendré que postergar la segunda parte unos cuantos meses.

Sin embargo, el reencuentro con Kvothe es seguro.

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