Francisco Santiago Maya: «los gobiernos deberían empezar a trabajar seriamente de la mano de los gitanos»


El pueblo romaní ha sufrido discriminaciones desde su llegada al continente Europeo. Hoy, la lucha es para erradicar las actitudes excluyentes de personas y gobiernos hacia los roma. Para conocer un poco más la realidad que les ha cercado hasta ahora, entrevistamos a Francisco Santiago Maya, coordinador general de la ONG Unión Romaní, dedicada a la defensa de la comunidad gitana, estructurada como una federación de asociaciones gitanas de toda España, dirigida por gitanos.
¿En qué países es más remarcada la discriminación para con los gitanos?
Por desgracia, todavía sufrimos discriminación en la mayoría de países en los que vivimos. Pero sin duda alguna, estos últimos años algunos países están yendo muy lejos con sus políticas antigitanas. Es el ejemplo de Francia, donde hemos pasado a ser el chivo expiatorio de todos los males que afectan a los franceses. Se destruyen los campamentos gitanos sin ofrecer soluciones, se nos expulsa ilegalmente, y se utiliza la violencia para ello. Otros dos países que están en la cúspide de la retórica antigitana son Hungría y la República Checa. En el primero se están llevando a cabo verdaderas razzias contra los rromà, organizadas por Jobbik, el partido de ultraderecha que ha escalado en votos y simpatizantes, hasta convertirse en tercera fuerza. En la República Checa pasa algo parecido, los grupos neonazis están atemorizando a la población gitana sin que se condenen sus actos, muy al contrario, cada vez más políticos se declaran abiertamente antigitanos.

¿Por qué los gitanos son objeto de discriminación?
En España, sufrimos discriminación en gran parte por los prejuicios preconcebidos, fruto del desconocimiento. Estos nos afectan, por desgracia, en todos los ámbitos de la vida. Por ejemplo, la dificultad para alquilar una vivienda o para encontrar trabajo. La mera palabra “gitano” causa, de entrada, cierto “miedo” en algunas personas, nos cierra muchas puertas, y limita nuestro progreso e inclusión en la sociedad.
Creemos que esto es debido a una deformación histórica de nuestra cultura. Desde hace siglos, solo se han mostrado de los gitanos los mismos tópicos y prejuicios: vagos, ladrones, sucios… Los medios de comunicación, en este sentido, han deformado de manera sistemática nuestra heterogeneidad, fomentando una y otra vez el rechazo social hacia nuestro pueblo.
¿En qué consisten tales actitudes? ¿Qué actos particulares cometen las personas contra los gitanos?
Aparte de los ejemplos que ya hemos mencionado en las anteriores preguntas, la discriminación va mucho más allá; por ejemplo, encontramos lugares en los que aún se segregan a los niños gitanos en escuelas especiales para discapacitados intelectuales (República Checa, Eslovaquia y Hungría); se construyen muros que separan los barrios gitanos de los no gitanos (Eslovaquia, Rumanía y República Checa); se agreden, queman y destruyen nuestros campamentos (Italia y Francia), etc.
Estas formas de discriminación son muy visibles y violentas, pero luego también sufrimos una discriminación más sutil: las dificultades de acceder a un puesto de trabajo por nuestro apellido o color de piel; las dificultades de alquilar viviendas; las deficiencias del acceso a la salud, etc., etc.
Algún caso particular de discriminación que quisieran mencionar

Lamentablemente, en estos últimos tiempos, se han producido muchos sucesos terribles en nuestra contra. Podemos destacar dos de ellos, que merecieron un comunicado de nuestro presidente, Juan de Dios Ramírez-Heredia. El primero tuvo lugar en Etonlikon, Grecia, donde hace algo más de dos años, unos 70  habitantes de este pueblo, muchos de ellos encapuchados, atacaron un barrio habitado por gitanos. Incendiaron seis viviendas y cuatro vehículos. En este caso se pudo evitar que hubiera heridos, porque las  familias gitanas que habitaban en el barrio huyeron despavoridas cuando vieron  acercarse a la multitud de agresores armados y encapuchados.
Según los medios locales, en la agresión participaron un grupo de militantes  del partido neonazi Amanecer Dorado, entre ellos, el diputado Konstantinos Barbarusis. A este diputado se le retiró la inmunidad parlamentaria tras participar en un ataque contra vendedores inmigrantes ambulantes.
El segundo suceso se produjo en Žihárec, Eslovaquia, el 1 de enero de 2013. En esta localidad se ejecutó el brutal asesinato de Daniel Horváth, miembro del Partido Unión Romaní, que  fue decapitado en vida, según se ha anunciado tras la autopsia judicial.
La familia lo estuvo buscando durante varios días hasta que descubrieron el bar donde había estado. Allí encontraron una camiseta del desaparecido. Al final descubrieron que en ese local tres hombres de 17, 18 y 39 años, dieron una paliza a Daniel y se lo llevaron en una carretilla a la cercana casa del propietario del bar donde le habrían decapitado, cuando aún estaba con vida. Los asesinos  transportaron su cuerpo a Šoporňa y lo arrojaron a un pozo negro que hay detrás de la aldea. Todo por su origen gitano.
¿Qué hace falta para que la comunidad romaní no sea discriminada? ¿Cuál es el problema que muchos no ven?
Son muchos problemas y muchas las soluciones en las que se debería trabajar para conseguir acabar con la discriminación. Para empezar, los gitanos no deberíamos seguir sufriendo pobreza crónica. Ello nos impide vivir en igualdad de oportunidades que el resto de la población, y perpetúa nuestra marginación. Sufrimos tasas de paro que triplican a la media; en los últimos informes que se han hecho al respecto, se estima que tres de cada cuatro gitanos sufren exclusión social. Si no cambiamos esta realidad, será imposible lograr nuestra inclusión.
Por otro lado, los gobiernos locales, regionales y nacionales, deberían empezar a trabajar seriamente de la mano de los gitanos. Se hacen muchas políticas y planes de inclusión, pero en muchas ocasiones no se ha contado con nosotros para realizarlos, ni son realistas con nuestras demandas y necesidades.
Otro tema muy importante que ya se ha mencionado anteriormente, son los medios de comunicación, cuyo tratamiento informativo daña enormemente nuestra imagen social. Desde Unión Romaní realizamos un estudio anual sobre este tema llamado ‘Periodistas contra el racismo’, y podemos afirmar con datos contrastados, que sobre todo en las informaciones más sensibles y peyorativas (delincuencia, asesinatos, drogas, etc.), los periodistas tratan de forma muy negativa a nuestro pueblo, generalizando y apostando por el sensacionalismo.
¿Cómo combatir la discriminación y exclusión?
Desde la Unión Romaní creemos que un primer paso, en relación con los dos sucesos mencionados anteriormente, es difundir estas tristes noticias de forma persistente. Sin duda, preferimos que nuestros conciudadanos se sientan conmocionados por el conocimiento de los desmanes que se cometen ante el altar de la pureza étnica o racista y que despierten de una vez, a que vivan bobaliconamente, en la ignorancia de tanta tragedia y tanto dolor. 
Otro paso esencial para lograr una mayor inclusión de la comunidad gitana y acabar con los prejuicios sería que la sociedad mayoritaria nos dejara participar a todos los niveles y que escuchara nuestra voz, ya fuera mediante las asociaciones de vecinos, los grupos políticos, etc. Desde nuestra asociación trabajamos en esa línea, al igual que en intentar proporcionarle a nuestra gente las herramientas formativas necesarias para lograr su inclusión.
Asimismo, otro paso fundamental es apostar por la educación en la diversidad desde pequeños. No puede ser que en el currículo escolar no se mencione absolutamente nada sobre los gitanos, nuestra historia y nuestra cultura.
Nos unimos a la lucha de la Unión Romaní y todas las organizaciones que le conforman, por erradicar la discriminación y exclusión de la población gitana, para que, tal como cualquier otro ciudadano, puedan tener acceso al trabajo, a la vivienda y a la educación, sin ser objeto de señalamientos ni prejuicios.
Por Alexandra Perdomo (@amnistia)